Abril 2010
N° 303

Opinión

Reflexiones en torno al VII Encuentro Internacional de Escritores 2010 en Costa Rica

Análisis de la Prueba de Aptitud Académica del 2009-2010 según provincia (II parte)

Sobre el VII Encuentro Internacional de Escritores Costa Rica 2010

Desempeño ambiental del TEC

Educación General (I parte)

Intercultura

Desde el Consejo Institucional

Suspenden temporalmente Sistema de Evaluación del Desempeño Académico

Se adquiere edificio en el centro de la capital

En defensa del PRUGAM

Cambios en la Oficina de
Planificación Institucional

Breves

Cultura y Deporte

No detuvieron su movimiento y ganaron salud

¡Fiesta ciclística en el TEC!

“Erick Gil Salas: Premio Aquileo J. Echeverría en poesía 2007 y 2008”

Intersticios

X Aniversario de la Escuela de Arquitectura y Urbanismo del TEC

Celebración del X aniversario de la Escuela de Arquitectura y Urbanismo

Caminatas por Madrid…

Javier Arce, estudiante del TEC y cantante de Cocofunka
“El hombre delgado que no flaqueará jamás”
a

Javier Arce en su apartamento en Cartago.

Alonso Fonseca
colaborador.prensa.1@itcr.ac.cr
Colaborador InformaTEC

Cerca de 220 jóvenes llenaban las butacas del Teatro de la Danza en el CENAC. Detrás del telón negro, la primera banda en tocar estaba totalmente preparada. Los seis integrantes cada uno en su sitio. El concierto es el Showcast de “La banda sonora de una película que jamás vas a ver”. El grupo que lo inicia es Cocofunka, con su vocalista Javier Arce.

Cocofunka está integrado por Nacho Páez en la guitarra, Jaime Nowalski en la batería, Gustavo Gutiérrez en los teclados, Reynaldo Escobedo con el bajo, Ricardo Machado en la percusión latina y Javier Arce al micrófono.

Durante la prueba de sonido, Arce se acercó por primera vez al micrófono, amarró una manta en el pedestal del micrófono, encendió una varita de incienso y la incrustó entre la manta. ¿Para qué el incienso?, “es para alejar los malos espíritus y la manta siempre la pongo”, dijo Arce después de terminada la prueba.

Javier Arce tiene 20 años, vive en un apartamento en Cartago y estudia Ingeniería Industrial en el Tecnológico de Costa Rica. Nació en Heredia, luego su familia pasó a vivir al Coyol de Alajuela durante seis años y después volvieron a Heredia, según dice, porque sus padres “se hartaron del infierno del Coyol”.

Su pasión es la música, no lo puede esconder y no tiene intensión de hacerlo. Un ejemplo de que no deja la música por nada, es la agenda diaria que tiene, como estudiante y como músico. Un domingo llegó en la noche a su apartamento, venía de grabar en San José.

Se acostó a las 11 p.m. y se levantó el lunes a las 2 a.m. para estudiar. A las 7 a.m. fue a clases. A las 9:30 a.m. tenía examen y después volvió a San José. Desde temprana edad inició en la música con un grupo de Punk que tenía con sus amigos de adolescencia. En diciembre del 2007 los miembros actuales de Cocofunka se comenzaron a reunir. Eran amigos de bandas diferentes que se fueron conociendo en la escena musical. “Empezó como un proyecto más de amigos, incluso ni el género estaba definido, tocábamos reggae, rock and roll sicodélico, blues, jazz, todos somos muy diferentes”, expresó Arce.

“La Banda Sonora”

El Sistema Nacional de Bibliotecas (SINABI) acudió a la agencia de publicidad JWT para que realizara un proyecto que alentara a los jóvenes a acercarse a las bibliotecas y que lean literatura costarricense. De esa inquietud nació “La banda sonora de una película que jamás vas a ver”, que toma la idea de las canciones de una película pero que la adapta para mostrar música de obras literarias de Costa Rica.

Diversos grupos y músicos nacionales tuvieron la tarea de adaptar un libro a notas musicales. Fue así como nació un disco con 18 canciones tan diversas como sus intérpretes y que toman el tema de 17 libros. Cocofunka fue uno de los grupos. Compuso la canción “suele suceder” del libro “El Emperador Tertuliano y la Legión de los Superlimpios” del escritor Rodolfo Arias.

Según explicó Arce, el proceso de adaptación del libro en canción fue diferente que en los demás grupos, pues ya venían trabajando una canción nueva que se ajustaba bien a la idea de la obra. “Teníamos una canción ya hecha, tenía un saborcillo de un barsillo de noche. Cuando leímos el libro y vimos que era algo súper tico, nos cayó que había que unir la canción que veníamos haciendo con el libro”, agregó.

La canción se grabó, los demás grupos grabaron las suyas también, se reunieron las piezas y se creó el disco.

El viernes 9 de abril a las 5 de la tarde en punto, se levantó el telón negro y mostró a Cocofunka ante las decenas de jóvenes ansiosos de música. Aplausos y ciertos gritos de las mujeres fueron el preámbulo de la canción “suele suceder”. Después interpretaron las canciones “Funky Calavera” y “María del Carmen”. La regla de la actividad era tres canciones y cambio de grupo. Cocofunka terminó, bajó el telón y el próximo grupo fue tomando sus posiciones.

Sus pasiones

“Así como escucho música en exceso, leo en exceso”, dijo Javier Arce después de repasar una larga lista de los autores que ha leído en estos años. Acepta que uno de los escritores favoritos es Jack Kerouac, un escritor y poeta estadounidense que nació en 1922 y murió en 1969 a los 47 años.

También comentó que en cuanto a la poesía, ha leído a Benedetti, Borges y a Jorge De Bravo, a quien llama “mi poeta”. Lee antes de dormir y lee en los buses, donde también duerme, pues es un amante de estos y de los trenes, “de todo lo que le permita dormir”. Por lo tanto odia manejar.

Dentro de ese mismo género, dijo que escribe lo que él llama “poesía barata”, pues es “algo que yo llego y hago en una servilleta, sin ánimo de nada”. Con respecto al género de prosa, agregó que antes quería ser escritor, y que escribía también. Quería entrar a estudiar Filología en la Universidad de Costa Rica, pero que “por cosas de la vida”, escogió estudiar ingeniería industrial.

La música, la palabra que más disfruta pronunciar según se observa, le abarca un gran porcentaje de su mente y tiempo, al igual que su disco solista. Las primeras piezas las ha grabado en los apartamentos en los cuales ha vivido. Comentó que todo se hace de una manera diferente, que incluso para una de sus canciones grabó a un amigo quien se sentó en una esquina del apartamento a tocar saxofón por tres horas.

Un productor chileno radicado aquí en Costa Rica, llamado “Autómata”, se ofreció grabar el disco de Javier Arce de gratis. Leyó una noticia sobre el joven músico en una página de internet y lo contactó.

Arce estaba acostumbrado a pagar para grabar, como lo ha hecho con Cocofunka. La noticia de que no le costaría nada de dinero grabar su propio discó lo sorprendió. “Me dijo, yo te lo grabo, es gratis, es mi estudio, yo te lo produzco, te lo mezclo”, agregó.

Expresó que el sonido de su disco será muy diferente al de Cocofunka, pues al suyo lo considera un sonido más oscuro y al de su grupo un sonido de fiesta. Comentó también que desde “chiquillo” le gustaba oír a Enrique Bunbury, ex vocalista de Héroes del Silencio y que “por un español empecé a encontrar mis raíces”, haciendo alusión a las fusiones latinas con las que se ha caracterizado el cantante español en sus discos solistas.

“He estado tratando de incorporar eso: música que pudo haber escuchado mi abuelo. Ese es mi objetivo más grande. Hacer boleros, claro, adaptado todo a lo mío, más sonidos a mi gusto, pero que sea música que pudo haber escuchado mi abuelo”, explicó. Su abuelo era músico, tocaba el acordeón y era amante de Julio Jaramillo.

¿Y el estudio?

A pesar de que ama la música, Arce tiene bien claro que la vida de músico en Costa Rica es muy difícil, y que por lo tanto no queda de otra que estudiar una carrera y trabajar. “Mis padres me lo inculcaron desde pequeño. Yo no soy hijo de ningún millonario, ya uno sabe que uno tiene que trabajar”, agregó.

La carrera que inicialmente escogió fue Mantenimiento Industrial, porque le encantaba y porque tenía relación con la física, un tema que le interesa y le gusta mucho. Después se pasó a estudiar Producción Industrial porque en su familia hay otro ingeniero en esa materia y le ofreció que se cambiara para que trabajara con él y “porque hay más opciones de trabajo”. En estos momentos está “a punto de graduarse como licenciado”.

“Sí quiero estudiar primero. Ya si después me toca trabajar, te puedo asegurar que aunque trabaje, que Dios no me castigue la lengua, tendré mi estudio en la casa, tendré mis amigos músicos, me sacrificaré. El amor por la música lo mueve a uno”, indicó. Será el “hombre delgado que no flaqueará jamás”, según dice Bunbury en una de sus canciones.

Otras “varas”

Javier Arce practica la meditación. En la sala de su casa tiene una mesita central donde al momento de la entrevista estaban sobre ella un pequeño Buda, una imagen de la Virgen de los Ángeles, una botella de vidrio vacía, un cenicero, una botella de Imperial, otra botella de plástico vacía forrada por un papel con estampado de Jesús en tamaño pasaporte y en múltiples colores. En el suelo había cobijas y mantas, y solo un sillón.

Le agrada el budismo. Ha meditado los últimos cuatro años. Toma esta práctica como “forma de liberación del sufrimiento”, como lo consideraba Buda. Medita todos los días durante media hora, cruzado de piernas y pone a “callar la cabeza”. “No lo veo como una religión, lo veo como una forma de vida”, dijo Arce.

En una pared de la sala está pegada una fotografía de un cantante jamaiquino que murió debido a un cáncer el 11 de mayo de 1981. Sobre la fotografía está escrita en letra blanca la siguiente frase dicha por el cantante: “Don’t gain the world and lose your soul, wisdom is better than silver or gold” (no ganes el mundo y pierdas tu alma, la sabiduría es mejor que la plata o el oro), firma Bob Marley.

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