Cerca de 220 jóvenes llenaban
las butacas del Teatro de la Danza
en el CENAC. Detrás del telón
negro, la primera banda en tocar
estaba totalmente preparada. Los seis integrantes cada uno en su
sitio. El concierto es el Showcast
de “La banda sonora de una película
que jamás vas a ver”. El grupo
que lo inicia es Cocofunka, con su
vocalista Javier Arce.
Cocofunka está integrado por
Nacho Páez en la guitarra, Jaime
Nowalski en la batería, Gustavo
Gutiérrez en los teclados, Reynaldo
Escobedo con el bajo, Ricardo
Machado en la percusión latina y
Javier Arce al micrófono.
Durante la prueba de sonido,
Arce se acercó por primera vez
al micrófono, amarró una manta
en el pedestal del micrófono,
encendió una varita de incienso y
la incrustó entre la manta. ¿Para
qué el incienso?, “es para alejar los
malos espíritus y la manta siempre
la pongo”, dijo Arce después de
terminada la prueba.
Javier Arce tiene 20 años, vive
en un apartamento en Cartago y
estudia Ingeniería Industrial en el
Tecnológico de Costa Rica. Nació en Heredia, luego su familia pasó a vivir al Coyol de Alajuela durante
seis años y después volvieron a
Heredia, según dice, porque sus
padres “se hartaron del infierno
del Coyol”.
Su pasión es la música, no lo
puede esconder y no tiene intensión
de hacerlo. Un ejemplo de
que no deja la música por nada, es
la agenda diaria que tiene, como
estudiante y como músico. Un
domingo llegó en la noche a su
apartamento, venía de grabar en
San José.
Se acostó a las 11 p.m. y
se levantó el lunes a las 2 a.m. para
estudiar. A las 7 a.m. fue a clases.
A las 9:30 a.m. tenía examen y
después volvió a San José.
Desde temprana edad inició en la música con un grupo de
Punk que tenía con sus amigos
de adolescencia. En diciembre
del 2007 los miembros actuales
de Cocofunka se comenzaron a
reunir. Eran amigos de bandas
diferentes que se fueron conociendo
en la escena musical. “Empezó como un proyecto más de amigos,
incluso ni el género estaba definido,
tocábamos reggae, rock and
roll sicodélico, blues, jazz, todos
somos muy diferentes”, expresó Arce.
“La Banda Sonora”
El Sistema Nacional de Bibliotecas
(SINABI) acudió a la agencia
de publicidad JWT para que
realizara un proyecto que alentara
a los jóvenes a acercarse a las
bibliotecas y que lean literatura
costarricense. De esa inquietud
nació “La banda sonora de una
película que jamás vas a ver”, que
toma la idea de las canciones de
una película pero que la adapta
para mostrar música de obras
literarias de Costa Rica.
Diversos grupos y músicos
nacionales tuvieron la tarea de
adaptar un libro a notas musicales.
Fue así como nació un disco con
18 canciones tan diversas como
sus intérpretes y que toman el
tema de 17 libros. Cocofunka fue
uno de los grupos. Compuso la
canción “suele suceder” del libro “El Emperador Tertuliano y la
Legión de los Superlimpios” del
escritor Rodolfo Arias.
Según explicó Arce, el proceso
de adaptación del libro en canción
fue diferente que en los demás
grupos, pues ya venían trabajando
una canción nueva que se
ajustaba bien a la idea de la obra. “Teníamos una canción ya hecha,
tenía un saborcillo de un barsillo
de noche. Cuando leímos el libro
y vimos que era algo súper tico,
nos cayó que había que unir la
canción que veníamos haciendo
con el libro”, agregó.
La canción se grabó, los demás
grupos grabaron las suyas también,
se reunieron las piezas y se
creó el disco.
El viernes 9 de abril a las 5 de la
tarde en punto, se levantó el telón
negro y mostró a Cocofunka ante
las decenas de jóvenes ansiosos de
música. Aplausos y ciertos gritos
de las mujeres fueron el preámbulo
de la canción “suele suceder”.
Después interpretaron las canciones “Funky Calavera” y “María
del Carmen”. La regla de la actividad
era tres canciones y cambio de
grupo. Cocofunka terminó, bajó el telón y el próximo grupo fue
tomando sus posiciones.
Sus pasiones
“Así como escucho música en
exceso, leo en exceso”, dijo Javier
Arce después de repasar una larga
lista de los autores que ha leído
en estos años. Acepta que uno de
los escritores favoritos es Jack
Kerouac, un escritor y poeta estadounidense
que nació en 1922 y
murió en 1969 a los 47 años.
También comentó que en cuanto
a la poesía, ha leído a Benedetti,
Borges y a Jorge De Bravo, a quien
llama “mi poeta”. Lee antes de
dormir y lee en los buses, donde
también duerme, pues es un amante
de estos y de los trenes, “de todo
lo que le permita dormir”. Por lo
tanto odia manejar.
Dentro de ese mismo género,
dijo que escribe lo que él llama “poesía barata”, pues es “algo que
yo llego y hago en una servilleta,
sin ánimo de nada”. Con respecto
al género de prosa, agregó que
antes quería ser escritor, y que
escribía también. Quería entrar a
estudiar Filología en la Universidad
de Costa Rica, pero que “por
cosas de la vida”, escogió estudiar
ingeniería industrial.
La música, la palabra que más
disfruta pronunciar según se
observa, le abarca un gran porcentaje
de su mente y tiempo, al
igual que su disco solista. Las
primeras piezas las ha grabado
en los apartamentos en los cuales
ha vivido. Comentó que todo se
hace de una manera diferente, que
incluso para una de sus canciones
grabó a un amigo quien se sentó en una esquina del apartamento a
tocar saxofón por tres horas.
Un productor chileno radicado
aquí en Costa Rica, llamado “Autómata”, se ofreció grabar
el disco de Javier Arce de gratis.
Leyó una noticia sobre el joven
músico en una página de internet
y lo contactó.
Arce estaba acostumbrado a
pagar para grabar, como lo ha
hecho con Cocofunka. La noticia
de que no le costaría nada de
dinero grabar su propio discó lo
sorprendió. “Me dijo, yo te lo grabo,
es gratis, es mi estudio, yo te lo
produzco, te lo mezclo”, agregó.
Expresó que el sonido de su
disco será muy diferente al de
Cocofunka, pues al suyo lo considera
un sonido más oscuro y al
de su grupo un sonido de fiesta.
Comentó también que desde “chiquillo” le gustaba oír a Enrique
Bunbury, ex vocalista de Héroes
del Silencio y que “por un español
empecé a encontrar mis raíces”,
haciendo alusión a las fusiones
latinas con las que se ha caracterizado
el cantante español en sus
discos solistas.
“He estado tratando de incorporar
eso: música que pudo haber
escuchado mi abuelo. Ese es
mi objetivo más grande. Hacer
boleros, claro, adaptado todo a lo
mío, más sonidos a mi gusto, pero
que sea música que pudo haber
escuchado mi abuelo”, explicó.
Su abuelo era músico, tocaba el
acordeón y era amante de Julio
Jaramillo.
¿Y el estudio?
A pesar de que ama la música,
Arce tiene bien claro que la vida
de músico en Costa Rica es muy
difícil, y que por lo tanto no queda
de otra que estudiar una carrera y
trabajar. “Mis padres me lo inculcaron
desde pequeño. Yo no soy
hijo de ningún millonario, ya uno
sabe que uno tiene que trabajar”,
agregó.
La carrera que inicialmente
escogió fue Mantenimiento
Industrial, porque le encantaba y
porque tenía relación con la física,
un tema que le interesa y le gusta
mucho. Después se pasó a estudiar
Producción Industrial porque en
su familia hay otro ingeniero en
esa materia y le ofreció que se
cambiara para que trabajara con él y “porque hay más opciones
de trabajo”. En estos momentos
está “a punto de graduarse como
licenciado”.
“Sí quiero estudiar primero. Ya
si después me toca trabajar, te puedo
asegurar que aunque trabaje,
que Dios no me castigue la lengua,
tendré mi estudio en la casa, tendré mis amigos músicos, me sacrificaré.
El amor por la música lo mueve
a uno”, indicó. Será el “hombre
delgado que no flaqueará jamás”,
según dice Bunbury en una de sus
canciones.
Otras “varas”
Javier Arce practica la meditación.
En la sala de su casa tiene una
mesita central donde al momento
de la entrevista estaban sobre ella
un pequeño Buda, una imagen de
la Virgen de los Ángeles, una botella
de vidrio vacía, un cenicero,
una botella de Imperial, otra botella
de plástico vacía forrada por un
papel con estampado de Jesús en
tamaño pasaporte y en múltiples
colores. En el suelo había cobijas
y mantas, y solo un sillón.
Le agrada el budismo. Ha meditado
los últimos cuatro años.
Toma esta práctica como “forma
de liberación del sufrimiento”,
como lo consideraba Buda. Medita
todos los días durante media
hora, cruzado de piernas y pone
a “callar la cabeza”. “No lo veo
como una religión, lo veo como
una forma de vida”, dijo Arce.
En una pared de la sala está pegada una fotografía de un cantante
jamaiquino que murió debido
a un cáncer el 11 de mayo de
1981. Sobre la fotografía está escrita en letra blanca la siguiente
frase dicha por el cantante: “Don’t
gain the world and lose your soul,
wisdom is better than silver or
gold” (no ganes el mundo y pierdas
tu alma, la sabiduría es mejor
que la plata o el oro), firma Bob
Marley. |