Adriano Corrales Arias
hachaencendida@gmail.com
El año pasado en El País Internacional de
España leí el fragmento de una entrevista a Chavela
Vargas. Enjundiosa conversa de la reconocida
cantante con el periodista Pablo Ordaz que
nos obligaba a la reflexión sobre la identidad tica
y sus particularidades, y sobre el trato que históricamente
se le brinda a nuestros artistas.
A la pregunta ¿A qué asocias a tu país? responde
Chavela: A la negación del mundo. Allí no hubiera podido yo leer ni la guía del teléfono.
Los curas me hubieran comido. La Iglesia católica
se me echó encima desde que nací. Y un día
le menté la madre a un cura. Me dijo: “Ego te
absolvo”. Y yo le dije: “Chíngate a tu madre”.
Más adelante, a la pregunta ¿Y nunca volviste
a Costa Rica?: Hace seis años. Dejé Veracruz,
donde tenía una casa, y me volví a Costa Rica. Y
a los siete meses, unas navidades, decidí volver
a México. Qué país (…) Yo pondría allí a todos
los suicidas del mundo. Les pondría allí un
departamento. Sería un buen negocio una tienda
de ataúdes. Eso es lo que pienso de Costa Rica.
Hay allí una prostituta que es la más grande del
mundo, y llega allí y se le hincan en la tierra para
saludarla. El arzobispo y todos. Un día me dijo: “Yo sí soy profeta en mi tierra, y tú no, Chavela”.
Y le dije: “Sí, tienes razón”.
Amarga experiencia y opinión de una mujer
que triunfó fuera de su país, luego de deambular
acompañada de un guitarrista, o casi siempre
sola, eso sí con muchas botellas de tequila y de
amantes, mujeres sobre todo. Hasta que un día
la invitan a una fiesta en casa de Frida y Diego y
allí se queda por dos años. Luego vino lo demás:
José Alfredo Jiménez, Bellas Artes, Almodóvar,
Sabina, el reconocimiento internacional.
A los 17 años se marchó porque no le permitían
expresarse, la censuraban por lesbiana. Vendí una gallina y dos guajolotes (pavos) y me vine en
un avión de hélice. Jovencita abandona la aldea,
se marcha a la metrópoli. Muchos artistas costarricenses “han dispuesto” lo mismo con rumbo
a México: María Isabel Carvajal (Carmen Lyra)
obligada por razones políticas, Eunice Odio,
Yolanda Oreamuno, Francisco “Paco” Zúñiga”,
Alfredo Cardona, entre otros. Todos fallecieron
en México como “mexicanos”.
El autoexilio, cuando no exilio político, como
la otra “Chavela” (Lyra), ha sido casi una norma
entre nuestros creadores. O la necesidad de
abrirse mundo en otras tierras. Pensemos en Max
Jiménez, Manuel de la Cruz González, Rafael “Felo” García, Ray Tico, Harold Fonseca, Juan
Luis Rodríguez, Virginia Grütter, etc. Contemporáneamente
en Virgilio “Polo” Mora, José Ricardo Chaves, Uriel Quesada, Carlos Poveda,
Marisel Jiménez, Edgar León, y muchos otros.
Padecemos un síndrome con los artistas, escritores
e intelectuales incómodos con el status quo.
Como bien señalaba Yolanda Oreamuno, no se
les elimina, como en otros países, sino que se les
recorta (serrucha) el piso para que regresen a la “normalidad”, para que no sobresalgan y sean
igualiticos a los demás. Ello, más las presiones
políticas propias de un medio cada vez más
autoritario e intolerante, obliga a muchos valores
de la cultura nacional a abandonar el terruño.
La homofobia, el irrespeto a la práctica sexual
de cada quien y la dictadura católica, más cierta
intolerancia política de persecución y amenazas
(asesinato del periodista Parmenio Medina) han
propiciado, y de seguro seguirán propiciando,
muchos de esos “exilios”.
Para mojigatos, chauvinistas y nacionalistas,
que son bastantes, las declaraciones de Chavela,
de seguro, suenan crudas, despectivas,
irrespetuosas o prepotentes. Pero el rechazo que
sufrió, junto a otr@s compatriotas, conforma, de
alguna manera, esa extraña visión de patria en
la aldea tica devenida en global, es decir, en un
espacio cada vez más intransigente, consumista
y asimétrico.
La afirmaciones de la “diva mexicana”, nos
gusten o no, convocan a la meditación. Desdichadamente,
la pertinacia de la descalificación
continúa a ojos vista. Muchos artistas, escritores
e intelectuales, la sufren cotidianamente. Como
consuelo conviene corear, con Joaquín Sabina,
que “las amarguras no son amargas, cuando las
canta Chavela Vargas”. |