Terremoto de Cartago de 1910: 6.5 grados.
Alonso Fonseca Quirós y Ana Sofía Mata 1
“En Cartago empezó a temblar como tres meses antes del terremoto”, dijo Lía Marín Salas quien nació el 20 de mayo de 1913 en la ciudad de Juan Viñas, Cartago. Evidentemente ella no había nacido cuando sucedió el terremoto de 1910, sin embargo, sus padres le comentaron la aterradora experiencia vivida por los cartagineses el sábado 4 de mayo de ese año. Ese día, a las 6:50 p.m., Cartago fue sacudido por un terremoto de 6.5 grados en la escala de Richter y con una profundidad de 6.7 kilómetros. La ciudad quedó totalmente devastada.
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Otros pobladores optaban por pasar la noche en casas de sus familiares, que en su mayoría eran casas construidas en madera, y que ellos sabían que podía resistir en un eventual sismo. Esto mismo hizo la familia de la madre de Lía Marín, quienes todas las noches iban a dormir a la casa de una vecina.
Algunos pobladores, “un poco despreocupados”, se mantenían en sus casas cenando y otros se encontraban caminando por las calles de la Vieja Metrópoli. Muchas de estas personas fueron las que se encontraron muertas bajo los escombros, según los registros de la época.
Josefina Salas fue una de las personas sobrevivientes de la tragedia. Salas, tía de Lía Marín, caminaba por las calles de la ciudad. Al momento del terremoto ella iba pasando al lado de una casa la cual se desplomó hacia adentro. Las paredes colapsaron dentro de la misma propiedad de la casa y no se tumbaron hacia la acera, por donde iba pasando Josefina, quien vio caer las paredes, pero milagrosamente no sobre ella.
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"Escuchaban el quejido y no podían hacer nada". En sólo 16 segundos la ciudad quedó reducida a escombros, llantos, gritos y dolor. El poco tendido eléctrico que existía en ese momento se vino abajo con el terremoto. Esto acrecentó el problema pues ahora, además de los escombros que inundaban la ciudad, los pobladores tenían que ingeniárselas para buscar sobrevivientes en la total oscuridad. |
El terremoto tomó por sorpresa a toda la población, puesto que el movimiento que se registró no tuvo “choques premonitores” que los alertaran del peligro. Por el contrario, el movimiento llegó de pronto de forma vertical. “La amplitud del primer golpe fue tan grande que la aguja del aparato (sismógrafo) pegó en las paredes de la caja y se hizo pedazos”, esta es una cita que se incluyó en el especial de la revista Proa de La Nación, con motivo del centenario del terremoto.
Lía Marín dijo que, en medio de todos los destrozos del terremoto, una vecina de su familia quedó atrapada debajo de los escombros de su casa. Sus piernas estaban aplastadas bajo un trozo de pared. Los quejidos que surgían desde lo más profundo de su dolor se esparcían por doquier, pues las edificaciones que debían cortar su paso yacían en el suelo hechos trizas. La angustia reinaba en los sobrevivientes que estaban cerca del sitio, pues no podían hacer nada para rescatarla hasta que saliera el Sol para poderla encontrar.
Pero también ese día ocurrieron milagros: un amigo de la familia de Lía, aun siendo un bebe, dormía en su cuna cuando comenzaron a caer escombros de su casa. En su cuna, donde dormía, cayeron varios trozos, pero él sobrevivió.
Pasada la noche...Al llegar la mañana, y con los primeros rayos del sol, se pudo observar el verdadero nivel de devastación del terremoto: en todos los cuadrantes de la ciudad al menos una construcción quedó en ruinas.
La reconstrucción de la ciudad duró siete meses. Según la publicación del Grupo Nación, para el 31 de diciembre de 1910 en Cartago no quedaba ninguna señal de lo que pasó: no habían edificios caídos ni escombros en las calles. Las heridas de Cartago, al menos visualmente, comenzaban a sanar.
Para lograr la total limpieza de la antigua capital se necesitó ayuda extranjera, como la que brindó el Gobierno de El Salvador, el cual donó “$3 500 oro americano”. También otras naciones vecinas enviaron telegramas al Ministerio de Relaciones Exteriores externando su solidaridad.
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Años después de este fatídico hecho, los registros sobre los muertos no están completamente claros. Si se hace una revisión rápida por internet se encontraran cifras que van desde los 400 hasta los 1700 muertos. Esto se debe principalmente a que, a pesar de que hay un registro oficial, muchas familias enterraron a sus muertos en fosas comunes lo más rápido que pudieron. Así, entre números oficiales y extraoficiales, las cifras varían. De la noche del 4 de mayo de 1910 solo quedan dos testigos en pie: las ruinas de la Iglesia de Santiago Apóstol y la estatua de Jesús Jiménez. Este ex presidente seguramente todavía tiene fresco en su memoria de cemento aquel día cuando todo frente a él se derrumbaba como si fueran castillos de cartas. Ahora, que solo ve camiones de verduras llegando al mercado central y ciertos borrachos dormidos a sus pies, piensa que las actuales generaciones no tienen ni idea de lo que esta provincia y sus pobladores vivieron a causa de la confabulación de dos cifras: 6.5 grados y 6.7 kilómetros. |
1 smata@itcr.ac.cr , Colaborador.prensa.1@itcr.ac.cr , Periodistas Oficina prensa TEC
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Lía Marín, de madre cartaginesa y padre josefino, contó lo que ellos le habían dicho sobre el terremoto de 1910. Aquellos aspectos que ya le eran difusos debido a su edad, se los recordaban los tres hijos que estuvieron presentes durante la entrevista, pues Marín también les transmitió esas historias. La provincia de Cartago de ese entonces tenía una población cercana a los 10.000 habitantes, quienes habitaban en su mayoría en casas de adobe (ladrillos de barro y pasto o bagazo de caña de azúcar) y calicanto (cal y piedras). Poco menos de un mes antes del sismo, se comenzaron a registrar temblores de variada intensidad y frecuencia. Desde el 13 de abril hasta el 4 de mayo se contabilizaron por lo menos cinco temblores diarios. El día del terremoto, cerca de las 6:50 de la tarde, los cartagineses se encontraban en las llamadas “tembloreras”: galerones improvisados en solares y calles en los cuales se refugiaban durante las noches, como modo de prevención. |
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Indice
Investigación cualitativa, epistemológica y poder simbólico. Francisco Javier Mojica Mendieta [ver contenido]
Ronald Eduardo Díaz Bolaños [ver contenido]
M.Sc.Fabrizio Fallas Vargas [ver contenido]
La ética de la tolerancia: Entre el fanatismo y la indiferencia. Dr. Angel Ocampo [ver contenido]
- El fanatismo de la tolerancia y el efecto inverso en la ética. - La indiferencia en el relativismo de la tolerancia y la ética de piratas y ladrones. - La interpelación de la tolerancia como disolución de la disyuntiva. - La ética mínima de la tolerancia y su utopía.
Terremoto de Cartago de 1910: 6.5 grados. Alonso Fonseca Quirós y Ana Sofía Mata [ver contenido]
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