"No hay que hacer lo que se quiere, sino querer lo que se hace". Con estas palabras, Carlos Mata Montero resume su actitud hacia el trabajo que le ha tocado desempeñar en la vida: una profunda dedicación y una constante superación en el área de la seguridad laboral y la higiene ambiental.
Carlos, para quien su vida ha sido una cadena de coincidencias, terminó la secundaria a los 16 años e inmediatamente buscó trabajo: vendió biblias y cera para automóviles y trabajó en el antiguo Almacén Koberg. Posteriormente fue contratado como oficinista 1 en el Instituto Nacional de Seguros (INS) en el departamento de riesgos del trabajo y empezó a combinar su trabajo con los estudios generales en la Universidad de Costa Rica (UCR). Allí estaba empadronado en la carrera de geología.
Pero hacer frente a las dos cosas se le hizo cada vez más difícil y llegó el momento en que tuvo que elegir entre un trabajo estable y los estudios de geología. Se quedó en el INS, donde luego pasó al departamento de auditoría y posteriormente al de prestaciones sanitarias, que era el lugar adonde acudía la gente después de haber sufrido un accidente de trabajo. Allí, según la especialidad médica, se valoraban accidentes provocados por aspiración de polvo, exposición al ruido, etc. Y así Carlos se empezó a familiarizar con los estudios de salud ocupacional.
Fue entonces que se enteró de que tanto en el Colegio Universitario de Alajuela (CUNA) como en el Centro Académico de San José del Instituto Tecnológico de Costa Rica (TEC) ofrecían estudios en este campo. Pero la del TEC tenía para él una ventaja adicional y es que se impartía en horario vespertino. En 1985 entró a estudiar el diplomado en el TEC y poco después se pasó a trabajar al departamento de salud ocupacional del INS.
Para Carlos esta fue una época muy bonita, porque le permitió trabajar y estudiar al mismo tiempo en un campo que le gustaba mucho y en el cual, como lo ha hecho siempre, ponía una gran pasión. Permaneció siete años en el mismo departamento del INS donde tuvo como jefe a Guillermo Valverde, a quien considera su mentor y cuya ausencia sintió mucho cuando Valverde se vino a trabajar al TEC como director de la carrera de seguridad laboral.
En la empresa privada
Un año después Carlos Mata renunció al INS y se fue a trabajar a la compañía Firestone, donde estuvo año y medio, y posteriormente a Gerber, donde permaneció por dos años. Cuenta Carlos que el trabajo en la empresa privada le provocó sentimientos contradictorios, particularmente en aquellas situaciones en las cuales no es posible hacer coincidir los intereses y beneficios de los trabajadores y la parte patronal, situación que con frecuencia enfrentan los profesionales en el área de Seguridad y Salud Ocupacional. Menciona que desgraciadamente en mucha empresas se valora el desempeño de un sistema de prevención por sus fallas y no por sus aciertos Y es que, agrega Carlos, algunas empresas plantean como meta “cero accidentes” sin que en sus procesos e instalaciones cuenten con “cero riesgos”, lo cual lleva en ocasiones a situaciones contradictorias.
Estas situaciones lo enfrentaron con una crisis de principios y finalmente decidió renunciar para trabajar en una organización no gubernamental Acepesa y en labores de consultoría. Posteriormente lo llamaron de lo que hoy es el Instituto Regional de Estudios en Sustancias Tóxicas (IRET), en la Universidad Nacional (UNA), para que trabajara en investigación. Allí estuvo durante año y medio contratado por la FUNA y tuvo la oportunidad de hacer investigación en un marco más académico, ya que su experiencia anterior había estado más relacionada con el reconocimiento de condiciones de trabajo. Así, investigó sobre la exposición dermal a herbicidas en la piel en trabajadores de plantaciones bananeras, plantas ornamentales y otras actividades agrícolas. Esto mediante el uso de métodos y técnicas específicos como trazadores fluorescentes, simuladores de piel humana y remoción por lavado y raspado de piel, entre otros.
Inicios en el TEC
Fue por este tiempo que nació la idea entre el IRET y la Escuela de Ingeniería en Seguridad Laboral e Higiene Ambiental de crear una maestría conjunta, que para entonces ya ofrecía el programa de bachillerato, y que hoy es una realidad. Además, Carlos Mata comenzó a impartir el curso Gerencia del riesgo en esta Escuela y eso lo acercó más al TEC, institución a la que él considera, para todos los efectos, como “su alma mater”.
En 1998, en lo que fue “una de las mejores decisiones de su vida”, se vino a trabajar al TEC. Había terminado el diplomado y había seguido estudiando en la UCR la carrera de Ingeniería Industrial, una carrera que en su opinión apoyaba el diplomado que había sacado. Y aquí Carlos Mata hace una reflexión: la educación pública universitaria en Costa Rica “es muy clasista” y no está diseñada para estudiantes que trabajan, excepto por lo que toca a administración de empresas y otras pocas opciones académicas con horarios vespertinos o nocturnos; y esto –dice- si el estudiante tiene el tiempo y la paciencia para soportar los procesos de matrícula establecidos.
Contra todos sus principios se salió de la UCR e ingresó a la Universidad Internacional de las Américas (UIA), donde sacó el bachillerato en ingeniería industrial. Volvió a la UCR a sacar la maestría en ingeniería industrial, para lo que tuvo que hacer una nivelación muy grande, “que soportó con paciencia”; no terminó esta Maestría porque se fue a la Universidad de Washington a sacar una maestría en salud pública con mención en Higiene Industrial. Hoy, Carlos está a punto de terminar esta maestría, cuya tesis presentará en noviembre por el sistema de teleconferencia. Y no descarta finalizar próximamente la maestría de la UCR, de la que debe solo un curso y la tesis. “Y hasta ahí”, dice sin mucha convicción.
Personas que tuvieron a Carlos como alumno, destacan en él el hecho de que “apuntó a un campo de trabajo profesional y encontró en él su vocación; ello –dicen- le ha orientado a convertirse en un verdadero especialista, dedicado, persistente, cuidadoso, orientado al trabajo y con una excelente capacidad para relacionarse con las personas”.
Aportes a la Escuela
En 1998 Carlos Mata pasó a trabajar tiempo completo en la carrera de Seguridad e Higiene Ocupacional del TEC, entonces parte de la Escuela de Producción Industrial. La investigación era incipiente y a solicitud de la Presidenta del Consejo de Salud Ocupacional se realizó un diagnóstico para identificar tendencias sobre el origen de los accidentes laborales en Costa Rica. Esta investigación contó con el apoyo del Ministerio de Trabajo y del INS y en él se aplicaron las siete herramientas para el mejoramiento de la calidad, del Dr. Kauro Ishikawa a información relacionada con accidentes y enfermedades ocupacionales. Y produjo un importante impacto: lograron determinar las principales causas de accidentes por sector económico y los resultados fueron aprovechados presentados con el Ministerio de Trabajo, a la Cámara de la Construcción, Cámaras Agrícolas y la Cámara de Industrias.
Otra de las primeras tareas que acometió Carlos en la Escuela fue la de reformular los talleres de los cursos de agentes químicos y biológicos, para hacerlos más operativos y atractivos para los estudiantes. Se realizaron además dos estudios sobre exposición termal a plaguicidas en el sector bananero de Costa Rica y en una plantación de rosas en Ecuador.
Al solicitarle su opinión sobre Carlos Mata al Ing. Jorge Chaves, actual director de la Escuela de Seguridad Laboral e Higiene Ambiental, dice: “Carlos ha dado un aporte muy significativo en el cambio de perfil de la Escuela, lo que nos ha permitido pasar de actividades meramente docentes a un enfoque más académico con un componente de extensión, acción social e investigación. También tiene mucha habilidad para relacionarse con otras instancias, tanto nacionales como internacionales, para realizar trabajos conjuntos mediante la figura de la carta de intenciones o los convenios de cooperación”.
Y es que la contribución académica de Carlos no termina ahí. Más adelante también trabajó en las primeras fases de un proyecto de acreditación. Tras la visita de personas del Missouri Southern Collage y de la Universidad de Oklahoma, y el establecimiento de contactos con contrapartes de la Universidad de Washington, se elaboró una primera propuesta de autoevaluación y acreditación con el Consejo de Acreditación de Programas de Salud Ambiental (Nehspac) de los Estados Unidos, quienes al conocer el programa de la Escuela de Seguridad e Higiene Ambiental del TEC le aseguraron que cumplía con los requisitos para ser acredita por esa entidad, como primer programa fuera de los Estados Unidos. Desgraciadamente en ese momento los esfuerzos no fructificaron, pero se han retomado. El experto Dr. Gary Silverman estuvo por un semestre en la Escuela para apoyar a los académicos en la definición de los requerimientos del Environmental Health Accreditation Council (EHAC), organismo acreditador de los Estados Unidos (gracias a la colaboración de la Fundación Fulbrigth) y esperan tener la aprobación en el corto plazo. El título que otorga la Escuela de Seguridad Laboral e Higiene Ambiental será entonces equivalente al que otorga una escuela en ciencias ambientales en una universidad norteamericana. Allí lo importante será el componente ambiental, más que el de ingeniería, explica Carlos, que es el que le ha abierto las puertas a la Escuela.
Durante sus estudios en los Estados Unidos, también conoció el Centro de Ecogenética y Toxicología Ambiental de la Universidad de Washington, que cuenta con investigadores de primera línea. Allí tienen un programa de extensión denominado Tox-In-A-Box, orientado a enseñar a los niños sobre salud ambiental. Carlos tuvo la oportunidad de trabajar en ese proyecto y a su regreso, hace cinco años, puso en práctica un programa similar en una escuela pública y una escuela privada de Orosi. El proyecto, denominado Ecoamigos, está dirigido a niños de tercer grado y con ellos han realizado muchas actividades lúdicas que permiten lograr los objetivos. Hoy, las investigadoras de la Escuela Margarita Martínez y Miryam Brenes continúan trabajando en el proyecto, al cual se han unido la compañía VICESA, Montaña Linda, una empresa de turismo y otras entidades; la Escuela de Orosi lo ofrece como una actividad extracurricular permanente.
Otra experiencia que Carlos Mata conoció en Estados Unidos –y que trajo a la Escuela- es el de la Agencia de Salud y Seguridad Ocupacional (OSHA, por sus siglas en inglés), que certifica los conocimientos de personas que se desenvuelven en distintas ramas de la seguridad ocupacional en diferentes campos. Este organismo se organiza por regiones y Estados y Carlos conoció la Región X, que incluye a Oregon, Washington y Alaska. Logró traer el programa al país y el TEC, junto con instructores de OSHA, ofrece los cursos aquí y los certifica. Hoy día, los cursos OSHA 500 y OSHA 510, relacionados con Seguridad en la construcción, ya están consolidados y en pocas semanas ofrecerán también el OSHA 511 correspondiente a estándares de seguridad para la industria. Estos cursos, dice Mata, posicionan al TEC y al país de una mejor forma frente a la globalización y la apertura de mercados, pues permiten a las empresas una cultura de mejoramiento de la seguridad y la salud ambiental. En la Escuela, hoy este programa está a cargo del Ing. Alfonso Navarro.
Actualmente, Carlos Mata trabaja en tres proyectos de investigación: uno para caracterizar los efectos de la exposición al polvo de madera por parte de trabajadores de las empresas de artesanía en Sarchí, y una evaluación de los riesgos biológicos a que están expuestos los recolectores de basura de las municipalidades de San José y Tibás.
También está en conversaciones con representantes de la Asociación Nacional de Empleados Públicos y Privados (ANEP) para trabajar en el desarrollo de las capacidades sindicales en seguridad y salud laboral en los trabajadores afiliados.
Más recientemente, Carlos ocupó el cargo de Director de Cooperación de la Vicerrectoría de Investigación y Extensión (VIE) del TEC, una experiencia que califica de “maravillosa” y que le hace pensar que toda persona que trabaja en docencia en el TEC debería hacer una pasantía en un cargo administrativo y viceversa, para tener una visión más precisa de la institución.
En este puesto también aprendió a valorar el apoyo que ofrece la administración a la academia y, particularmente, el “irreemplazable papel” que cumple la VIE, así como la excelente percepción que tiene la gente afuera sobre el TEC; igualmente, aprendió a valorar al personal de la institución, por su profesionalismo y solidaridad. De la Dirección de Cooperación –dice Carlos Mata- salió convertido en una mejor persona y un mejor funcionario del TEC.
Lectura, música, cine…
Pero Carlos Mata también tiene tiempo para leer (cuando es posible, pide que le regalen libros), estudiar el segundo nivel de guitarra (“porque a cierta edad es importante que el cerebro trabaje todas sus áreas y la coordinación de mano derecha, mano izquierda y boca puede ayudar... espero”) y para disfrutar de “una joya” que descubrió recientemente”: la Casa de la Ciudad en Cartago.
Esto, porque después de vivir casi 40 años en Desamparados, se vino a vivir a Cartago, concretamente a “El Elefante”, camino a Orosi, donde ya lleva más de un año. Allí se siente muy a gusto, “rodeado de gente honesta, trabajadora y solidaria”, donde no se cansa de apreciar el paisaje que le regala el Valle de Orosi.