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Franklin Hernández


Franklin Hernández

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Franklin Hernández siempre tuvo la meta de obtener un doctorado. Y lo logró a principios de este año, cuando se graduó con honores con el grado de Ph.D., en la Universidad Duisburg-Essen de Alemania. Es, de paso, el único doctor en diseño industrial que hay en Costa Rica.

Para ser aceptado, este egresado de la Escuela República Argentina, del Liceo de San José y del Instituto Tecnológico de Costa Rica (TEC), tuvo que presentar constancias de notas excelentes en toda su etapa formativa, incluyendo los estudios primarios.

Egresado del TEC en la carrera de Diseño Industrial, gracias a una beca terminó sus estudios en el Instituto Superiore per la Industrie Artistiche, en Italia, lo que le permitió tener también un título de ese país.

Tiene 22 años de trabajar en el TEC, en el cual se ha desempeñado como director de la misma carrera durante dos periodos.

Franklin Hernández posee dos maestrías, una en teoría del diseño, que obtuvo en la Hochschule für Gestaltung Schwäbisch Gmünd, en Alemania, y otra en Ciencias de la Computación, que alcanzó en el TEC.

Estudios de doctorado

Hace 10 años inició los estudios formales de doctorado en Alemania, lugar que le ofrecía algunas ventajas por cuanto él viaja a ese país dos veces al año como profesor invitado, domina el idioma, había hecho allí sus estudios de maestría y, además, la investigación en ese país tiene un gran prestigio intelectual.

Sin embargo, lograr que lo aceptaran en un programa de doctorado no fue fácil. Graduarse como doctor, en Alemania, implica que debe contribuirse efectivamente a aumentar el conocimiento de la humanidad; por esta razón para ser aceptado como candidato hay que reflexionar mucho sobre el tema a investigar y luego presentar un exposé o informe de investigación de 10 páginas, con toda la bibliografía necesaria y cinco hipótesis de trabajo; de la viabilidad de esta propuesta para dar frutos como generadora de conocimiento depende la entrada al programa.

Los doctorados en Alemania no tienen cursos; exigen una investigación muy seria y la publicación de un libro donde se prueben las hipótesis planteadas. La propuesta es aprobada, finalmente, por un tribunal integrado por cinco profesores de gran reconocimiento académico.

Percepción de la belleza

Hernández cuenta que tuvo que cambiar varias veces las hipótesis hasta que, al cabo de varios años, le admitieron su propuesta, que lo sumió en una investigación relacionada con la percepción de la belleza, un tema que le ha interesado desde siempre. A este campo de estudio, dice, se le puede achacar un aspecto clasista, algunos pueden pensar que tiene algo de discriminatorio y eso era otro escollo que tuvo que superar.

Pero afirma que el concepto de belleza no es una cuestión de opiniones; simplemente “es así”. La belleza es muy importante en la vida humana, en el desarrollo de la especie; es más, su importancia es irrefutable: se puede tener una opinión sobre la belleza como sistema evolutivo, pero esa opinión no va a cambiar el sistema evolutivo ni la influencia que tiene la belleza en todo.

Agrega el investigador que las bases fundamentales de la percepción de la belleza son genéticas y compartidas; lo que se aprende de la evolución no se olvida nunca porque es necesario para sobrevivir.

Para desarrollar este tema, que tiene que ver con la evolución del ser humano, Franklin Hernández presentó su propuesta a la Cátedra de Ciencias del Diseño de la Universidad Duisburg-Essen, la cual aceptó su investigación, pero a condición de que redujera el ámbito. Así, se centró en el estudio de la teoría de la proporción y, más concretamente, en determinar la eficiencia histórica de la teoría de la proporción. El tema preciso de la investigación es el estudio de los principios y métodos de la proporción.

Quería demostrar que esa teoría, que se originó en el antiguo Egipto y que fue utilizada como herramienta del diseño por los griegos, los renacentistas y por varios teóricos modernos como Le Corbusier ya en el siglo XX, no es eficiente. “Desde que estudiaba diseño industrial en el TEC, dice, tenía la espinita de que esa teoría no funcionaba”.

Y empezó a trabajar en ello. Para entonces, ya llevaba tres años investigando el tema y la maestría que había hecho en Alemania había tenido que ver con una parte de la teoría de la proporción -la proporción áurea- y su inherencia con la teoría fractal. La proporción áurea, en diseño, es la proporción más usada y perfecta, la “proporción divina” y está presente en los fractales sin haber sido programada previamente; por tanto, la proporción es un resultado y no una causa. Se trata de un silogismo aristotélico, un problema lógico: aunque todos los objetos bellos podrían tener proporción áurea, no todos los objetos que tienen proporción áurea son bellos.

El error que se ha cometido a lo largo de los siglos –error que cometieron también Vitrubio y Leonardo Da Vinci- es creer que todos los objetos que tienen proporción áurea son bellos; y demostrar este error fue lo que le permitió a Franklin Hernández obtener el doctorado.

Por otra parte, la corrección del error es muy importante para todas las personas que, en el mundo, utilizan la teoría del diseño y la proporción áurea para embellecer las obras.

Eso significa, dice Hernández, que no se puede seguir enseñando la teoría de la proporción como se ha hecho hasta ahora, porque no funciona como siempre se había creído. Y aunque el investigador insiste en que no busca protagonismo, sí espera que a partir de ahora se dé un gran debate alrededor del tema.

Su propuesta concreta, a partir de esta investigación, es que en adelante habrá que tomar en cuenta, con ayuda de la inteligencia artificial, otras herramientas que existen, alternativas a la proporción áurea, como son la simetría y el balance. Todo esto, se plasma en un libro de Franklin Hernández que publicará próximamente la Editorial Tecnológica.

Vida difícil

Franklin Hernández se enorgullece de que toda su formación la ha obtenido en instituciones públicas y que se trata, sin duda, de una educación de calidad. Creció en Barrio México, San José, en una comunidad de gente pobre que le permitió aprender de la vida, entre otras cosas, que no todo es ciencia y matemática y que es muy importante la solidaridad.

Cuenta que ingresó al TEC como estudiante en 1981, en un momento en que su padre quedó desempleado, durante la Administración Carazo; por eso, es un creyente entusiasta de la educación pública, a la que ve como la forma de salir de las penurias económicas. Siempre, dice, tuvo un apoyo incondicional de su familia, y especialmente de sus padres, para salir adelante; y a pesar de las estrecheces económicas, supo arreglarse.

Finalmente, Franklin Hernández recuerda, con agradecimiento, a muchas personas que, en sus tiempos difíciles de estudiante, lo invitaron a almorzar. No sabían, concluye, el bien que me estaban haciendo.

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