Durante las últimas décadas se nos olvidó vivir en armonía con la naturaleza. Necesitamos avanzar a una vida que permita el desarrollo sustentable y sostenible sin dañar nuestras aguas.

 

El Dr. Guillermo Calvo Brenes ha sido un estudioso e investigador del tema durante décadas.  De su reciente trabajo doctoral, hubo dos aspectos que se evaluaron: un modelo predictivo para la calidad del agua en relación con variables ambientales y otro relacionado con calidad.

 

En el país, los índices de calidad actuales que se usan no son los mejores, por eso hubo que desarrollar índices y medir la calidad en su momento.  El modelo predictivo tiene la ventaja de que puede determinar esa calidad del agua con solo ver el entorno ambiental que rodea los ríos, porque hay una relación muy estrecha entre ese entorno y la calidad del agua.  Por eso es viable hacer ese tipo de relación, y tiene mucha importancia porque se puede usar en el ordenamiento territorial.

 

Durante ese proyecto, se evaluaron 30 puntos de muestreo en un año en la Gran Área Metropolitana (GAM) y la península de Osa.  Se hizo un análisis de la calidad usando esos índices y se encontró que en ese proceso de un año, en que se hizo un muestreo por mes, apenas un 22% de los puntos muestreados tenían una calidad clase 1, que es el agua no contaminada y que se puede utilizar con algún tratamiento para consumo humano.  Eso significa que el resto, 78%, muestra niveles de contaminación de mediano hasta altamente contaminado.

 

Por otro lado, también se encontró que no necesariamente el agua que muestra calidad clase 1 se mantiene todo el año, cuando hay lluvias fuertes su calidad se deteriora, porque la lluvia arrastra contaminantes que hay en la superficie y los lleva a los ríos.

 

Es importante mencionar que cuando se hizo esa evaluación, fue sobre indicadores físico-químicos y microbiológicos.  En ese momento, no se habían incluido metales pesados, que son contaminantes peligrosos para la salud, ni tampoco se incluyeron pesticidas y herbicidas, lo que deja una incógnita que queda en el aire sobre cuál es el impacto que esos contaminantes, usados en la agricultura, tienen sobre el ambiente, en este caso específico, sobre los ríos.

 

Actualmente, el especialista trabaja en una investigación encaminada a evaluar el contenido de metales pesados en los ríos, con el fin de relacionarlo con el uso del suelo, y de esa manera generar un mapa de vulnerabilidad a metales pesados en todo el país, de acuerdo con el uso del suelo.  De esa manera, se podrían generar proyectos de gestión ambiental donde uno ya sabe que en “x” zona, por lo que se está haciendo ahí, puede tener un impacto muy fuerte.  La idea es generar un modelo y un mapa de vulnerabilidad.  En este caso, se han ampliado los puntos de muestreo y estamos incluyendo lugares como Guanacaste, San Carlos, Pital, la GAM, Sierpe, la península de Osa y Limón.  Hasta el momento, se ha encontrado en ríos la presencia de plomo y cobre; en el Tempisque se encontró arsénico, que no es de extrañar, pues es un punto reconocido de contaminación con este elemento.  En algunos puntos se ha encontrado níquel y también mercurio, que es un contaminante sumamente tóxico, prácticamente en todos los ríos muestreados.

 

Existen, en ese sentido, dos tipos de fuente de contaminación, una directa y otra indirecta.  La directa es la descarga de aguas de las casas directamente a los ríos, y eso está muy relacionado con la densidad poblacional.  En este proyecto se ha encontrado esa relación entre densidad poblacional y contaminación, de tal manera que si hay un río que pasa por un pueblo donde hay cierta densidad poblacional, ya se puede prever que hay una fuerte contaminación.  En lugares como Hatillo, que es altamente poblado y que está atravesado por el río María Aguilar, hay contaminación sumamente fuerte; lo mismo pasa con el río Torres, en la zona de Pavas, donde también hay una alta densidad poblacional.  La contaminación indirecta usualmente está relacionada con el uso del suelo.  Donde haya agricultura y donde hay urbanismo, hay contaminación superficial.  En el caso de la agricultura, por el uso de fertilizantes, plaguicidas, cuando viene la lluvia, la contaminación es arrastrada hacia los ríos.

 

Cuando hablamos de urbanismo, también se tiene contaminación superficial.  Pero el problema más serio con el urbanismo es que se da sobre superficies impermeables, sobre las que cae la lluvia y arrastra la contaminación a los ríos.

 

¿Se puede revertir eso?  “Con las proyecciones que hicimos con el modelo predictivo, nos dimos cuenta de que hay usos del suelo que benefician la calidad de las aguas, que evitan la escorrentía de las aguas, que sirven como barreras, y también fomentan la infiltración, entonces podemos favorecer la recarga de los acuíferos.  Por otro lado, hay actividades que funcionan al revés, que favorecen la escorrentía, el acarreo de contaminantes, que evitan la filtración a los mantos acuíferos, etc.  Entonces, cuando hablamos de ese modelo predictivo y vemos que hay una relación entre el entorno y los usos del suelo, podemos pensar en un uso para ordenamiento territorial, de forma técnica”, explica el especialista.

Soluciones urgentes para salvar el agua

Es importante que exista un adecuado manejo en el tratamiento de las aguas residuales.  Además, debería haber una política con los gobiernos locales, que deben aprovechar el ordenamiento territorial para evitar la contaminación de las aguas y favorecer la recarga de los mantos acuíferos.

 

En resumen, debe existir una convivencia responsable de la población con la naturaleza y también el compromiso de trabajar sobre un sistema de urbanismo, evitando la impermeabilización del suelo, en detrimento de la calidad de las aguas y porque ello favorece las inundaciones.  Entonces, la solución pasa por una acción, tanto del gobierno nacional como del gobierno local.

 

“La planta de tratamiento que el gobierno hizo es muy reciente, si no estaríamos peor, y fue una donación de Japón, la mayor parte de su presupuesto.  A nivel de gobiernos locales, no conozco iniciativas en este sentido.  Sí percibo desconocimiento sobre la situación de lo que pasa en el país, de parte del gobierno”, menciona Calvo.

 

Otras de las medidas necesarias es poder concientizar a la población acerca del uso de este preciado líquido. Crecer en armonía con nuestro entorno natural significa poder preservar los recursos con el fin de que genere oportunidades y un mayor nivel de desarrollo humano y social en el presente como de cara hacia el futuro. Eso significa no solo economizar el agua que hoy tenemos sino también darle un uso eficiente cada vez que abrimos el grifo, desde las actividades más cotidianas hasta las más complejas.  Pero también, cambiar comportamientos que han sido devastadores durante décadas como la contaminación, el manejo inadecuado de los desechos y la alteración de los bosques con construcciones e infraestructuras masivas sin mayor control. Pues lo que se busca es lograr un desarrollo sostenible.