De Enero, 2016 hasta Diciembre, 2017

Los bosques lluviosos tropicales acaparan casi la mitad de la producción primaria neta (PPN) terrestre a escala global (Meisteret al. 2012), pero son sensibles a la muerte regresiva inducida por el clima (Lewis et. Al 2011, Corlett 2012). La disponibilidad de agua puede ser el factor climático más decisivo no sólo para la productividad primaria neta de los ecosistemas tropicales, sino también para la distribución y abundancia de especies de plantas en el bioma del bosque tropical (Engelbrecht et al. 2007). El calentamiento global podría conducir a climas más extremos y variables en los trópicos durante las próximas décadas y siglos (Dai 2012), causando sequías más frecuentes e intensas en algunas partes de América del Sur, África tropical y Asia Sudoriental (Timmermann et al. 1999, Williams et al. 2007, Li et al. 2008, Bates et al. 2008, Sheffield et al. 2008). Se ha encontrado que las sequías severas reducen la PPN así como el intercambio neto de CO2 en el ecosistema de los bosques tropicales y subtropicales (Granier et al. 2007, Feeley et al. 2007, Zhao y Running 2010), y con frecuencia ha conducido a una mayor mortalidad de los árboles, como se observó y documentó recientemente para bosques neotropicales y Paleotropicales (Clark 2004, McDowell et al. 2008, Allen et al. 2010). Esto sugiere que las sequías pueden provocar cambios importantes en la composición de la comunidad forestal y el funcionamiento de los ecosistemas de los bosques tropicales en el futuro (Itoh et al. 2012). Si bien los mecanismos que conducen a la mortalidad causada por la sequía en los árboles están muy lejos de ser comprendido (Sala et al. 2010), parece que los árboles maduros y aquellos individuos muy altos tienen un riesgo desproporcionadamente más alto de mortalidad por la sequía que los árboles más pequeños o los que se encuentran en el sotobosque, tanto en un ambiente estacionalmente seco, así como en entornos tropicales perhúmedos (Slik et al. 2004, Nepstad et al. 2007, da Costa et al. 2010, Phillips et al. 2010, Granzow-de la Cerda et al. 2012). Si el riesgo de mortalidad depende principalmente del tamaño del árbol y el dosel superior sufre cambios o inclusive desaparece primero, esto va a cambiar la estructura de la cobertura y de las condiciones microclimáticas de los árboles restantes, probablemente causando alteración persistente de la estructura del bosque y la composición de especies (Saatchi et al. 2013). Los árboles tropicales de maderas livianas (Balsa, Cebo, Anonillo, y muchas otras) parecen estar en mayor riesgo de muerte regresiva inducida por sequía, pero los hallazgos relacionados son menos consistentes que los relativos a la muerte regresiva por tamaño (por ejemplo, Phillips et al. 2010, Russo et al. 2010). Tanto la altura de los árboles y densidad de la madera se cree que son los rasgos funcionales clave que influyen en el crecimiento y la supervivencia, pero rara vez se han realizado estudi os en árboles adultos a lo largo de gradientes ambientales en combinación con mediciones hidráulicas y de esta manera predecir la susceptibilidad de los árboles a la falta de humedad en el suelo.