Vigencia: De 2014 hasta 2015
Estado:

El modelo de desarrollo que la humanidad ha adoptado en las últimas décadas no ha sido efectivo para llevar bienestar a las distintas comunidades en el mundo, lo cual se evidencia en la actualidad

por la grave situación ecológica y social en que vivimos. Los desequilibrios ambientales experimentados por los países industrializados, fueron trasladados a los países en desarrollo, que dependen de la explotación y exportación de recursos naturales como actividad económica para lograr el desarrollo. Además, la explosión demográfica así como el incremento en los niveles de vida y los niveles de consumo, ha agudizado dicha crisis en la región. En cambio, los procesos que lleven a un desarrollo sostenible deben incluir crecimiento económico, social y cultural, cuyo fin último genere un mayor nivel de desarrollo humano y una ampliación de la capacidad y la libertad de las personas. Es menester, por tanto, renovar el capital biótico y abiótico como condición de sostenibilidad. Dentro de este capital está el agua, cuyo uso es el mejor indicador del grado de desarrollo social y económico de un país. El reglamento costarricense clasifica la calidad del agua en 5 clases diferentes que a su vez, se relacionan con 11 usos distintos que se le puede dar al agua. La Clase 2 del reglamento es una categoría altamente deseable en nuestros ríos ya que se asocia con actividades recreativas de contacto primario, la protección de flora y fauna acuática así como su uso en actividades agroindustriales. Estudios sobre calidad de agua llegados a cabo en el pasado muestran la relación existente entre algunas actividades humanas, especialmente aquellas relacionadas con el uso del suelo, las características del entorno y su relación con el grado de contaminación de los ríos.Subcuencas como la del Tigre y Rincón muestran variados niveles de contaminación, según la época del año.Algunas zonas del país que presentan cierta similitud con la Península de Osa, muestran mayores niveles de contaminación de sus ríos dado que hacen un uso extensivo de sus suelos en actividades agrícolas. La Península de Osa merece una mayor atención dado el incremento sostenido que se viene dando en actividades agrícolas así como el creciente interés en su desarrollo turístico lo cual eventualmente repercutirá en una mayor contaminación de sus ríos con el consecuente riesgo para un desarrollo sostenible de las poblaciones aledañas. El Sistema Nacional de Áreas de Conservación ha realizado la compra de terrenos dentro de la Reserva Forestal Golfo Dulce a particulares sin contar con políticas o metodologías de compra, y desconociendo el impacto que el uso de estos terrenos tiene sobre la calidad de las aguas. El proyecto de trabajo conjunto entre el MINAE y el ITCR, tiene como objetivo elaborar un programa de gestión ambiental orientado a la protección o mejora de la calidad de las aguas, según sea su condición inicial, basado en un programa de adquisición de terrenos y su uso, pero que también permita el desarrollo de los habitantes de la zona en el ámbito económico, social, turístico, agrícola y comercial, mejorando la calidad de vida en la zona y permitiendo un desarrollo sostenible de sus habitantes, con un mínimo deterioro del ambiente. Aún en aquellos casos que las aguas de los ríos posean condiciones óptimas de calidad al presente, deben ser objeto de protección a largo plazo por medio de una gestión territorial sobre el uso de los terrenos, dada el creciente desarrollo turístico de la zona así como la conversión del uso del suelo para fines agrícolas, que tiene un fuerte impacto sobre la calidad de las aguas. En la actualidad, el ITCR cuenta con un instrumento de predicción de la calidad del agua, recientemente elaborado y validado, basado enteramente en variables socio ambientales para la predicción de la calidad de las aguas a largo plazo para su uso como clase 2. Esta herramienta permite efectuar simulaciones entre variables y ayudar, por lo tanto, en la generación de políticas ambientales que protejan la calidad de las aguas.