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Ilustración de Wílmer Casasola

¿Quiere ser un burro cargado de libros…?

11 de Septiembre 2019 Por: Redacción

La Oficina de Comunicación y Mercadeo no toma como suyas, las opiniones vertidas en esta sección.
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Por: Wilmer Casasola Rivera, Ph. D.
Escuela de Ciencias Sociales, del TEC
 

Quisiera reflexionar sobre una afirmación que hace el maestro espiritual Osho, sobre información, conciencia y sabiduría. Considérese la cita siguiente:

“Como tienes más información, la gente cree que eres más sabio, pero, en realidad, lo que estás haciendo es convertirte en un burro cargado de libros”. *

Dice Osho que la sabiduría no consiste en tener muchos conocimientos, sino conocer la propia conciencia y que la conciencia está separada de la mente…

El dualismo filosófico ha estado presente en nuestra cultura desde la antigüedad. Por un lado, un cuerpo que soporta el soplo de vida llamada alma, y por otra, un alma que le da vida al cuerpo… Descartes es un buen ejemplo de este dualismo: separa en dos sustancias al hombre: cuerpo y alma. El alma es equivalente a mente. Pero de momento, no existe forma de saber, menos de demostrar, que tal deseo metafísico sea posible.

Osho cree que la conciencia está separada de la mente… Crea un elemento para explicar otro elemento, que en última instancia depende de un único elemento: el cerebro… Como decían los filósofos: Non sunt multiplicanda entia sine necessitate.

Desde una perspectiva neuropsicológica, el cerebro alberga tanto lo que llamamos mente como conciencia. Tanto la mente como la conciencia tienen su despliegue en el cerebro.

No existe la propia conciencia. Es imposible. Ni siquiera desde el nacimiento mismo. El feto, sujetado de un mecate umbilical, flota aisladamente en un líquido vital. Pero, allí, en esa odisea estomacal, recibe información neuroquímica a través del cordón umbilical, formando las primeras emociones antes de su nacimiento, marcando desde el inicio sentimientos de amor, de ternura, de alegría, de odio, de rechazo, de miedo. Una microconciencia en expansión social que empieza. Desde ese universo acuático empezamos a crear modelos de conciencia. La conciencia es el producto de la interacción social.

La sabiduría, si tal cosa se da, no se hace en soledad, sino en sociedad. En el abismo mismo de la soledad ahí siguen las voces sociales: el padre, la madre, la esposa, las amistades, los vecinos, los abuelos, algún comunista extraviado, un libro, un santo, Dios, un ángel, los que nos serruchan el piso, alguna sinfonía reguetonera… Siempre hay voces, y esas voces es lo que llamamos conciencia. La conciencia es un escándalo mental de la cual no nos podemos librar…

Tener más información, ¿equivale a ser más sabio?, ¿nos convierte en un burro cargado de libros? Para empezar, rechazo de plano el concepto de sabiduría: ni la sabiduría que promueve de forma equivocada la filosofía tradicional, ni la sabiduría que promueven esos maestros espirituales. En filosofía se ha cometido el bárbaro error de llamar sabiduría a opiniones filosóficas, y en las tradiciones espirituales, llamar sabiduría al aislamiento social y la consagración en la propia conciencia. La propia conciencia no existe. La conciencia se crea socialmente.

Tener mucha información en nuestra memoria, no conduce a sabiduría, como tampoco mucha información memorística es equivalente a filosofía. Entonces aquí podríamos otorgar algo de razón a Osho. Por otra parte, tener mucha información guardada inútilmente en la memoria, sin que se manifieste siquiera en una opinión inteligente o una conversación amena, eso sí nos hace burros bibliográficos en silencio.  

Ahora bien, ¿es mejor ser un burro cargado de libros que un burro, pero sin libros? Creo que muchos compartiríamos la opinión de que es mejor entregarse a la burroeidad del espíritu (entiéndase, a ser burro). Quizás cargar libros nos permita ser, no necesariamente burros ni sabios, sino personas con conocimientos rigurosos y con plena conciencia de que desconocemos. Quizás cargar libros mejore nuestra vida intelectual y profesional, y quizás nos oriente para experimentar una mejor vida social. Pero ninguna lectura sirve lo suficiente si su contenido no cambia nuestra perspectiva y no nos impulsa a generar cambios en nuestra dinámica social. 

Entonces, tener más información no es equiparable a sabiduría, pero no tenerla, tampoco nos conduce a ella. Tampoco tener más información nos hace burros intelectuales, pero no tenerla, eso sí nos hace…personas no informadas…

Quisiera finalizar este artículo haciendo referencia a un dato que arroja el Séptimo Informe Estado de la Educación 2019.  Este informe señala la ausencia del hábito de lectura en los educadores. La lectura es una obligación académica, no un placer intelectual.

Parece que muchos docentes se han revelado en contra de la cultura intelectual y han preferido no tener información, no demostrar a la gente que son más sabios, ni han querido convertirse en individuos cargados de libros… Algunos docentes no leen, y sin embargo, enseñan. Un sistema educativo donde no se fomente la lectura, motor del pensamiento crítico, está destinado a producir siervos menguados. La lectura es fundamental para generar ideas sociales en todos los campos del saber. Es importante gestionar una conciencia cultural hacia la percepción de la lectura como herramienta de crecimiento personal y profesional.

* Oscho (2007). Bienestar emocional. Barcelona: Debolsillo

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