jóvenes señalando una computadora

Cabe pensar si existe objetividad y transparencia ética cuando median lazos emocionales de amistad a nivel profesional. (Foto Ruth Garita/OCM, imagen con fines ilustrativos).  

La lealtad ética…

5 de Febrero 2018 Por: Visitante

La Oficina de Comunicación y Mercadeo no toma como suyas, las opiniones vertidas en esta sección.
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Wilmer Casasola R.

Escuela de Ciencias Sociales

La amistad es uno de los mejores inventos que ha creado el espíritu humano. Un amigo puede tener un efecto positivo o negativo en nuestra vida, dependiendo de si es buen o mal amigo…

No es lo mismo conocimiento académico sobre ética que practicar ética cotidiana.

Un profesional en ética puede tener, al menos, dos alternativas: conocimiento académico sobre ética, pero no aplicarla cotidianamente o conocimiento académico sobre ética y aplicarla cotidianamente. También podría estar presente una tercera alternativa: dedicarse académicamente a la ética y no conocer académicamente de ética. Es extraño, pero posible en el País de las Maravillas.

La primera alternativa nos advierte que del hecho de hablar de ética no sigue que una persona sea éticamente correcta.

La ética es un conjunto de principios elaborados a partir de razonamientos que pueden o no cambiar la experiencia moral cotidiana. Es una construcción teórica e hipotética sobre una mejor experiencia moral. La moral, por su parte, es un conjunto de valores aprendidos a través de un proceso social y cultural. La moral se adquiere por tradición, por costumbre.

Cabe pensar si existe objetividad y transparencia ética cuando median lazos emocionales de amistad a nivel profesional. La respuesta preliminar es sí, por supuesto que puede haber transparencia ética. Pero también, la respuesta es no, entre amistades puede disminuirse, sino anularse, la transparencia ética.

"Los círculos emocionales pueden afectar la transparencia ética, tanto en la función pública como privada, y convertirse en pequeños puentes hacia el reino de la corrupción".

La lealtad ética difiere de la lealtad entre amigos. La lealtad ética no es con otra persona, sino con uno mismo. Somos éticamente leales cuando nos orientamos por razonamientos objetivos que fomentan el bienestar humano, la integridad, la honestidad, la excelencia, la cooperación, el deber, la responsabilidad, el compromiso, entre muchos otros.

La lealtad con “amigos” puede conducirnos a una serie de anomalías éticas, a ser personas llenas de inmoralidades silenciosas. Apoyar a una persona por amistad, pese a la ineficacia, a la irresponsabilidad, a la falta de transparencia, a la falta de deber y compromiso profesional que demuestra, es un acto éticamente cuestionable.

La lealtad con la ineficacia de una persona nos hace tan incompetentes como él. Pero este es el resultado de las camaraderías emocionales que nos conduce a practicar una inmoralidad silenciosa, una lealtad antiética.

Un mal amigo es aquel que es cómplice de tus inmoralidades; aquel que fomenta mediocridad e incompetencia. Un buen amigo es aquel que no está dispuesto a ser cómplice de tus faltas éticas, de tus faltas morales; aquel que no fomenta mediocridad e incompetencia, que te hace crecer en virtudes.

La lealtad ética es una disposición individual que puede generar cambios colectivos.

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