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La celebración en la entrega de medallas es parte de la alegría de los Juncos. Foto: Jorge Quesada/OCM.

La energía del deporte se percibe, se disfruta y se extrañará

4 de Abril 2019 Por: Geovanni Jiménez Mata

Muchas más banderas de las habituales ondean por el cielo del Tecnológico de Costa Rica (TEC) desde hace una semana. Once universidades de todo el país enviaron a la Institución a sus más destacados estudiantes deportistas para competir en los Juegos Deportivos Universitarios Costarricenses (Juncos), ocho años después de la última ocasión de que el TEC fuera sede.

En el ambiente se escucha el sonido de gritos de guerra de equipos y deportistas autoanimándose antes de los partidos o pruebas. Las graderías del gimnasio Armando Vásquez y de la cancha de fútbol permanecen llenas de espectadores, que en considerable número son los mismos compañeros de delegación alentando a sus similares del voleibol, baloncesto, fútbol y atletismo: un ejemplo definitivo de eso que llaman confraternidad.

La piscina se ha convertido en un mar, en donde el bullicioso apoyo del público, hace el papel del rugir de sus olas. Por los pasillos se ven -en sus escasos tiempos libres- a los curiosos competidores de las otras universidades que aprovechan para hacer caminatas y conocer así las remozadas instalaciones.

Los enérgicos voluntarios y edecanes, se desenvuelven en conjunto con los funcionarios que redoblan sus esfuerzos para sacar adelante las Justas. Siempre atentos, al pie de las competencias se pueden ver realizando movimientos para que la logística funcione a la perfección y los atletas cuenten con todo lo que necesiten.

Los días se mueven con la rapidez de una competencia de 100 metros planos y las medallas no dejan de entregarse. El himno de todas las universidades a nivel mundial, “Gaudeamus igitur” (¡Alegrémonos, pues! en latín), se entrelaza con los aplausos del público cada vez que alguien sube al podio.

De vez en cuando, la alegría de recibir una presea, se ve interrumpida por la frustración de los gritos de un atleta por no alcanzarla o por ser descalificado por alguna dolorosa desconcentración. La presión y ansiedad hacen de las suyas en el deporte.

Los microbuses de las distintas universidades llegan y se marchan sin cesar durante todo el día. Las delegaciones deben partir y descansar; porque probablemente haya que estudiar para algún examen y competir el día de mañana nuevamente.

Esta dinámica se repite en el Colegio Universitario de Cartago (CUC), las canchas de Agua Caliente y Dulce Nombre y el Polideportivo de Cartago; que son también sedes de algunas disciplinas.

Los Juncos están en el TEC y la energía de los deportistas se percibe tanto en el aire, que hasta puede palparse. Se es medallista simplemente por el hecho de tener el privilegio de vivir esta experiencia, aquí no hay perdedores. El medallero no importa.

La Institución esperó por ocho años para volver a experimentar las vibraciones del deporte y ahora, luego de los pocos instantes que restaban de competencia al momento de redactar esta nota; le tocará volver a contenerse hasta 2029. 

La energía del deporte se percibe, se disfruta y se extrañará.

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