Teatro Agosto: el arte de entretejer historias desde la vulnerabilidad y la virtualidad

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Boro: segundo montaje virtual de la agrupación estudiantil Obra se estrenará en noviembre
23 de Junio 2021
Boro
El boro es una técnica textil japonesa que inició en el siglo XVII, para reparar las prendas de vestir dañadas. Posteriormente se convirtió en una filosofía de vida. Este es el concepto que está impulsando el proceso creativo de Teatro Agosto
El Teatro Agosto del Campus Tecnológico Local San José enfrentó el año pasado uno de sus más grandes desafíos: montar una obra de teatro desde la virtualidad. La pandemia por el COVID-19 obligó a la agrupación artística estudiantil a trabajar colectivamente, pero de forma remota; a aprender el manejo de herramientas computacionales; a desarrollar habilidades de actuación ante la cámara; a transformar los espacios personales en escenarios; y a pensar en una estética para la obra Uvieta que fuera apta para las pantallas de las computadoras y teléfonos celulares. Así fue como el grupo logró presentar su temporada y llevar la obra a diferentes espacios virtuales como la Feria Internacional del Libro y el Festival Amón Cultural 2021.

A partir de la experiencia acumulada, Teatro Agosto se propuso este año realizar una creación colectiva desde la virtualidad, pequeñas historias desarrolladas por cada uno de sus integrantes que se unirán en una sola producción bajo el concepto del boro, una técnica textil japonesa que surgió en el siglo XVII para reparar las prendas de vestir dañadas y que, posteriormente, se convirtió en toda una filosofía de vida.

“Boro significa literalmente retazos de tela. El término se usa para describir prendas de ropa y artículos que fueron remendados y reparados muchas veces. Eran prendas recicladas que antiguamente usaban los campesinos en Japón y cada una de ellas se remendaba con piezas de tela cosidas con extremo cuidado, las cuales formaban un patrón bordado único. No importa que tenga retazos, no importa que se le vean las costuras, sigue teniendo significado y lo que hace esa ropa es transportar la historia que vamos teniendo de generación en generación, se van haciendo capas y más capas de telas, de experiencias, de significados y de recuerdos. La idea es que una vez que la ropa era confeccionada tenía que durar toda la vida de su propietario o incluso trascenderla”, explica Daniel Morales, estudiante de Ingeniería en Diseño Industrial.

De esta manera, la agrupación se ha abocado a construir historias desde distintas épocas, perspectivas y experiencias, en las que se destaca lo efímero y la fragilidad de la existencia. Esto ha llevado a sus integrantes a reflexionar en su boro personal y en su familia, así como apreciar cada momento de su vida y sus encuentros con otras personas. Es el caso de Pamela Azofeifa, estudiante de Arquitectura y Urbanismo, quien está construyendo su propuesta actoral a partir de una historia familiar que sucedió 10 años antes de que ella naciera. Esto le ha permitido conocer mejor a su familia, dejar a un lado los prejuicios y darle un nuevo significado a lo que pasó 30 años atrás.

“Esta situación no es exclusiva de mi familia, es algo que ha afectado a miles de familias y que se va a seguir dando y afectando al individuo y a las personas a su alrededor. En mi vida sí me ha ayudado a aprender sobre mi familia, sobre las personas e intentar darle otro sentido, un sentido más positivo para que nos podamos poner en los pies de los demás, para poder entender los retazos de los demás”, agregó Azofeifa.

Por su parte, Pablo Ortiz, estudiante de Administración de Empresas, reconoce que muchos de los personajes que ha interpretado desde que se integró a Teatro Agosto son producto de una exploración en sus historias familiares.

“He buscado dentro de mí, en torno a las historias que me ha contado mi familia que me construyen hoy como persona, para plasmarlo en la obra, en mi personaje y, a veces, es algo superpequeño, supersencillo”, relató Ortiz.

Alexandra De Simone, directora de Teatro Agosto, detalla que la obra es un conjunto de historias que no solo tocan los retazos personales, sino también los retazos de la visión de la realidad que tiene cada persona y, sobre todo, de este momento de la pandemia, sin pretender uniformar el mensaje. Para ello, el grupo está utilizando todas las líneas vitales de su pasado familiar, personal, colectivo, comunitario, vivencial y filosófico.

“Queremos compartir diferentes cosas porque todo ha sido tan fuerte, lo que se ha movilizado dentro de nosotros, grandes y pequeñitas, pero todas tienen que ver con este frenazo que fue la pandemia para nuestra manera de entender el mundo, y pensamos que esto de los retazos y de las costuras nos conecta con los otros momentos de la historia y de nuestro pueblo, donde esto ha pasado de otras formas y en otras circunstancias. En este sentido, creemos que somos un grupo artístico universitario que quisiera decir algo que no sea como lo que ya todo el mundo oyó”, subrayó De Simone.

“Es muy interesante ver cómo cada vez que revisamos una historia le podemos sacar algo más, a partir de la propuesta de actuación de una persona o de los aportes que hagamos el resto. Es más enriquecedor cuando se vuelve una experiencia compartida, ir tomando pedacitos y ver cómo se va construyendo una escultura superlinda. Los pedacitos que cada uno aporta los voy juntando a lo interno y lo proceso a lo largo de la semana”.
Eduardo Román, estudiante invitado e integrante de Teatro Agosto

El boro y la pandemia

Si bien este nuevo montaje no tiene la intención de abordar directamente el tema de la pandemia, sí se está tomando en cuenta como un retazo más del boro que se está tejiendo. Muchos de los temas que plantean las historias obedecen a conflictos y situaciones que se despertaron al calor de la emergencia sanitaria mundial.

En este sentido, Esteban Quirós, estudiante de Arquitectura y Urbanismo, menciona que el tema de la vida y la muerte funcionó como un catalizador muy importante para muchas de las historias. Al respecto, Pamela Azofeifa señala que la pandemia vino a recordarle al mundo que la muerte es un azar y que el único requisito para morirse es estar vivo.

“Estas historias vienen a recordarnos que la vida es un paso. Todos tenemos esta vida y podemos decidir si queremos disfrutar y aprovechar esta estancia o queremos simplemente dejarla pasar”, remarcó Azofeifa.

Para Gabriel Vargas, estudiante de Ingeniería en Computadores, la pandemia ha servido para ponerse en los zapatos de alguien más y comprender diferentes experiencias de vida. Similar criterio externa Daniel Morales, quien considera que antes de la pandemia actuaba de forma automática al ritmo de una rutina diaria. Pero, la emergencia sanitaria y la cuarentena vinieron a cambiar eso.

“Ahora sí tengo tiempo para fijarme en todas las cuestiones que antes no me daba cuenta, ¿qué necesito unir o reparar?, ese cambio de modalidad sirvió para muchas cosas, desde mi perspectiva, y también para preocuparnos por otras de las que no nos preocupábamos. Tiempo para cambiar, reflexionar y ver todas las grietas que siempre han estado ahí, pero no nos fijábamos”, reflexionó Morales.

“Siento que todo esto de la pandemia tiene un propósito de fondo, un propósito de unirnos, de pensar que estamos en el mundo, en el mismo planeta y no hay a dónde más irnos. Todos nos podemos morir, todos somos vulnerables. Tratar de entender que no soy solo yo, hay otras personas y todos importamos en el mundo”.
Yendry Badilla, estudiante de Ingeniería en Computadores e integrante de Teatro Agosto

Una “probadita” de las historias

Aunque la obra todavía está en proceso, las historias ya han adquirido la madurez suficiente para conocer un poco de ellas. El estreno está programado para finales de noviembre, pero presentará un avance en el XII Festival de Teatro Intersedes del TEC. A continuación, un adelanto de lo se podrá ver a finales de este año:

Villa Sandoval

¿Qué pasa en un pueblo rural costarricense cuando se muere la persona con más poder en la comunidad? Esa es la idea desencadenante que está usando Daniel Aguilar, estudiante de Arquitectura y Urbanismo, para construir una historia llena de leyendas y maneras de ver el mundo desde la Costa Rica rural.

La tumba de la novia

Un grupo de jóvenes va a un cementerio y uno de ellos queda cautivado por una tumba. Se basa en una leyenda muy frecuente en muchos cementerios, pero esta tendrá un giro diferente, en el que está trabajando Esteban Quirós, estudiante de Arquitectura y Urbanismo.

El deseo hecho realidad

La vida está llena de altibajos que algunas personas saben enfrentar, pero otras no. Esta es la historia de una joven que trató de evadir una dificultad, pero la vida le respondió con un revés. Pamela Azofeifa, estudiante de Arquitectura y Urbanismo, se adentra en la forma en la que los seres humanos enfrentan las situaciones adversas y sus reacciones cuando fracasan.

Rashomon

En un lugar donde se tiran los cadáveres de la gente que nadie quiere recordar se encuentran un samurai y una mujer que está revisando los cuerpos para ver qué provecho saca de ellos. Este cuento tradicional japonés, que enfrenta los valores con el instinto de supervivencia, es el punto de partida de la propuesta escénica de Daniel Morales, estudiante de Ingeniería en Diseño Industrial, y de Sara Segura, estudiante de Ingeniería en Computación.

La máscara de la muerte roja

Eduardo Román, estudiante invitado de Teatro Agosto, escogió este clásico de Edgar Allan Poe porque va más allá de la vida y de la muerte, habla sobre la predestinación de la vida y cómo no se pueden cambiar las cosas que ya están escritas. “Hay pedacitos del boro que siempre estarán ahí por más remiendos y costuras que se le hagan”, añadió.

El muerto al hoyo y el vivo al bollo

Cierta persona tenía interés en un terreno que colindaba con un cementerio. Al excavar en él descubrió huesos humanos, pero siguió cavando pensando solo en sus negocios. ¿Qué valor tienen los restos óseos de quienes ayudaron a forjar una comunidad? Fabián Benavides, estudiante de Enseñanza de la Matemática con Entornos Tecnológicos, se adentra en este conflicto entre lo moral y el interés económico.

¿Y ahora qué?

Para quienes solían tener poca vida social antes de la pandemia, las restricciones sanitarias no han tenido mayor impacto en día a día. Sin embargo, ¿qué han tenido que hacer las personas que vivían en una constante fiesta? Yendry Badilla, estudiante de Ingeniería en Computadores, explora esta realidad en su historia.

Hamlet

El boro también consiste en integrar historias que se escribieron siglos atrás, pero que siguen teniendo gran vigencia. En este caso, la interacción del protagonista con los sepultureros y con la calavera se vuelve esencial para reflexionar sobre la condición humana. En esta historia participa Jorge Gutiérrez, estudiante de Ingeniería en Computación junto a Sara, Eduardo, Pamela y Yendry.

“Es un reto muy interesante que sea virtual, pero hemos sabido convertirlo en una fortaleza. Creo que la comunicación entre todos siempre ha estado muy bien, siempre hemos tenido buenos aportes para las ideas de los demás, para las ideas de la profesora y de ella con nosotros. Entonces, al final del día no nos terminamos sintiendo metidos en estos cuadritos (se refiere a los espacios del Zoom). La idea de la obra es que sepamos romper esas barreras de la virtualidad entre nosotros y con el público. Creo que vamos por muy buen camino”. Esteban Quirós, estudiante de Arquitectura y Urbanismo e integrante de Teatro Agosto

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