La delegación del Tecnológico de Costa Rica llega al final de una semana de intercambio artístico y cultural en Honduras, que hoy jueves 30 de julio cerró oficialmente con la ceremonia de clausura de la XIII edición del FICCUA, en el Anfiteatro CISE de la UNAH
La delegación del TEC estuvo conformada por 61 personas artistas, estudiantes de diversas carreras de la universidad y 17 personas funcionarias, entre docentes y personal de apoyo a la academía.
Fotografía: Cortesía Juan Pablo Campos / Unidad de Cultura San José
Hoy, jueves 30 de julio, a las 4:00 p. m., el Anfiteatro CISE de la Ciudad Universitaria de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) acogió la ceremonia de clausura de la XIII edición del FICCUA: el cierre formal de una semana que la delegación del Tecnológico de Costa Rica (TEC), compuesta por personas estudiantes y funcionarias de distintos campus y centros académicos, vivió con entusiasmo, entrega y dedicación.
Luego de los himnos oficiales, las palabras de las autoridades de la UNAH y del Consejo Superior Universitario Centroamericano (CSUCA), una entrega de placas de reconocimiento y el traspaso simbólico de sede hacia el FICCUA 2028 que será en Guatemala, el cierre real de esta historia ocurrió en otro lugar: en lo que esta semana dejó sembrado entre quienes la vivieron.
El recorrido de la delegación comenzó con la salida rumbo a Tegucigalpa y el arranque de su participación en el bloque académico y la ceremonia inaugural del festival.
De ahí en adelante, el camino continuó escenario tras escenario. En el terreno musical, Grupo Almendro y Ensamble Acústico, ambos del Campus Tecnológico Local San Carlos, llevaron sus repertorios a los públicos del FICCUA.
Para la directora de estos grupos representativos del TEC provenientes de la zona norte costarricense y profesora de música, Lorna Quirós, “presentarse ante el público centroamericano significó un sueño cumplido por el que trabajaron al dedicar muchas horas de ensayo y así representar el TEC con calidad”.
Quirós expresó su “orgullo y satisfacción por la misión cumplida”, “agradecidos con el TEC por la oportunidad de representar a Costa Rica”.
DanzaTEC, por su parte, subió al escenario con una coreografía sobre las migraciones, un tema que atravesó al público con la misma fuerza con la que atraviesa a la región.
De acuerdo con Ana Valverde, directora de DanzaTEC la “experiencia ha sido de muchísimo aprendizaje, de sensibilizarnos muchísimo hacia la cultura centroamericana, a todas las diferentes manifestaciones artísticas y como nosotros también podemos traer esto a nuestro quehacer, también entender las distintas formas en que cada país se acerca al arte según su contexto”.
El Charral, también de San Carlos, presentó ante el FICCUA sus primeras producciones audiovisuales, en lo que fue la primera participación internacional del colectivo estudiantil.
Para Sergio Herrera Cordero, profesor de Cultura del TEC San Carlos y guía del colectivo El Charral, “ver la forma de gestión de la comunidad cinematográfica universitaria de la UNAH es un ejemplo a seguir”.
Completaron la representación del TEC las agrupaciones Multiverso Creativo, Teatro Agosto y Tierra y Cosecha, cada una desde su propio lenguaje escénico.
Para Alex Serrano Solano, director de Multiverso Creativo el “FICCUA fue la forma de estrechar lazos y vínculos dentro del grupo para abrir puertas y abrazar públicos extranjeros”.
Alexandra De Simone, quien dirige Teatro Agosto y en representación también de la voz de sus estudiantes expresó que “el FICCUA ha sido compartir una experiencia muy linda”.
Jorge Luis Quesada, director de Tierra y Cosecha, aseguró que “el folclore une pueblos y esa ha sido nuestra misión”.
Al mirar hacia atrás para valorar el camino de llegada al FICCUA, Giancarlo Protti, jefe de la delegación del TEC en el festival y director de la Escuela de Cultura y Deporte del TEC, hizo un balance, al afirmar primero que este es “un esfuerzo de muchísima importancia que se hace desde la Rectoría, la Vicerrectoría de Vida Estudiantil y el Consejo de Rectoría”. De seguido, Protti resaltó particularmente la calidad profesional artística de las y los estudiantes del TEC.
El FICCUA es, ante todo, un espacio de encuentro: un festival que durante estos días propició un intercambio ameno entre estudiantes, personas docentes y representantes de universidades públicas de toda la región centroamericana, donde convivieron la alegría, la reflexión y el asombro que despiertan expresiones como la danza, la música, el teatro o el cine.
Esa diversidad de artes fue, quizás, la lección más valiosa del festival: la cultura centroamericana no es algo uniforme, sino un mosaico del espíritu humano, donde cupieron lenguajes tan distintos como el de una coreografía contemporánea, un concierto de fusión latinoamericana o un cortometraje de ficción.
Entre esas voces estuvieron por ejemplo las de comunidades autóctonas de la región, como la garífuna, pueblo afroindígena descendiente de africanos, caribes y arahuacos con presencia en Honduras, Belice y Guatemala, cuya cultura ha sido reconocida por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
Para Kristal Hernández Pérez, quien es estudiante de Ingeniería en Producción Industrial y vocalista del Grupo Almendro el FICCUA “ha sido una experiencia sumamente enriquecedora para mí y para mis compañeros”.
Para el TEC, la participación en un espacio como el FICCUA conecta directamente con su apuesta por la formación integral: procesos formativos sólidos que permiten a sus estudiantes, más allá de sus áreas técnicas como ingenierías o administración, adentrarse en la expresión de sus propios saberes a través del arte.
Esta es una apuesta coherente con el compromiso institucional de brindar educación de calidad, equitativa e inclusiva, que impulse el aprendizaje a lo largo de toda la vida, y con la visión de formar profesionales capaces de construir un mundo más justo y sostenible con el ambiente, desde el conocimiento, la ciencia, la biodiversidad y el buen uso de las nuevas tecnologías en beneficio de la sociedad.
El clima acompañó buena parte de las actividades al aire libre en los distintos escenarios de la Ciudad Universitaria, un campus de gran tamaño que se extiende por 1.680.000 metros cuadrados y alberga instalaciones como el Palacio Universitario de los Deportes, un moderno polideportivo de cinco niveles con capacidad para cerca de 5 mil personas.
Fuera de los escenarios, los almuerzos y las cenas se convirtieron en otro punto de encuentro entre delegaciones: alrededor de la mesa, compartiendo el alimento, tal vez una de las formas más nobles de convivencia humana.
Como universidad anfitriona, el rector de la UNAH, Odir Fernández Flores, expresó que fue un “honor, un orgullo, recibir a nuestros hermanos centroamericanos y así nuestros estudiantes pueden compartir a un nivel de educación superior”. Sobre la organización del evento comentó:
El rector agregó que el FICCUA “ha sido un espacio en donde se nos ha permitido poder desarrollar la cultura y el arte en nuestra universidad (...) ha sido una ganancia excesivamente grande para la UNAH”.
El trato de las y los hondureños marcó también el paso de la delegación por Tegucigalpa: un calor humano que se sintió incluso en medio de un tráfico pesado y desordenado, y de espacios urbanos que, en algunos sectores, todavía esperan una mejora pendiente. Es un reto que no es exclusivo de esta ciudad, sino uno que comparten muchos pueblos centroamericanos: el de acompañar la riqueza de su cultura y su gente con ciudades que la reflejen igual de bien.
La actividad de clausura cerró con una fiesta centroamericana a cargo de la Compañía de Danza Folclórica "Arte y Ciencia" y las agrupaciones de Danza Urbana Pumas Legacy y Ritmo Puma, ambas de la Vicerrectoría de Orientación y Asuntos Estudiantiles de la UNAH.
Con todo este calor catracho, FICCUA 2026 fue una experiencia de satisfacción y aprendizaje para la delegación del TEC. Para las y los estudiantes que hicieron este viaje, será, sin duda, una experiencia inolvidable.