La política energética de la actual administración está guiada por una orientación central que se puede resumir como sostenibilidad energética con un bajo nivel de emisiones. Con esto se entiende que el país debe aspirar a contar con un sistema energético nacional con un bajo nivel de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), basado en el uso de fuentes limpias y renovables, en condiciones de absorber los aumentos en la demanda de manera consistente, con precios lo más competitivos que sean posible en el entorno internacional y capaz de sustentar el bienestar de la mayoría de la población.

“Costa Rica no tiene otra opción que sumarse a los esfuerzos globales por revertir las tendencias del cambio climático, ya que dada su magnitud e intensidad, no sólo están golpeando fuertemente a las poblaciones y las economías de todos los países, sino que, también, están amenazando la vida misma en el planeta.”

 

Costa Rica es pequeño en territorio, población y producción, por ello su participación dentro de los esfuerzos mundiales en materia de cambio climático es reducida en términos cuantitativos. Sin desconocer esta realidad, el Estado costarricense puede asumir una posición de avanzada, que tenga un efecto ejemplarizante en el contexto internacional, que le brinde legitimidad para participar en los foros internacionales donde se toman decisiones de alcance global sobre cambio climático y que le permita constituirse en una especie de campo de aprendizaje de prácticas efectivas de reducción de gases de efecto invernadero que también resulten útiles para otros países.

Pero, además, se debe tener presente que los esfuerzos del país en materia de reducción de emisiones no sólo tienen sentido dentro de las estrategias mundiales sobre cambio climático, sino que, también, son clave para elevar los niveles de progreso y bienestar de nuestra sociedad. Ser un país ejemplar en este campo abrirá nuevas oportunidades de negocios en el corto y mediano plazo, tal vez más de las que se puede vislumbrar en este momento. Además, el avance hacia una economía baja en emisiones nos va a facilitar la tarea de reducir los impactos ambientales derivados del suministro y consumo de energía.

Con ese propósito, es preciso aprovechar los cambios tecnológicos mundiales en materia de eficiencia energética y optimizar las formas de uso de la energía.