Disciplina con la 10 y la 17: dos futbolistas del TEC que también juegan fuerte en las aulas

rgb(216,232,243)
  • Daniel Puentes Picado, estudiante de Ingeniería Electrónica y capitán del equipo de fútbol del TEC y Gabriel Badilla Gómez, estudiante de Ingeniería en Mecatrónica y extremo derecho del equipo, comparten el reto de equilibrar el deporte de alto rendimiento con la vida universitaria.
  • En el marco del Mundial 2026, ambos hablan de cómo el fútbol les ha enseñado trabajo en equipo, liderazgo y, sobre todo, disciplina.
22 de Junio 2026 . Autor/a: Sergio Pacheco Salazar
Vida Estudiantil

Dos caras del fútbol del TEC: Gabriel Badilla en acción sobre la cancha (izquierda) y Daniel Puentes, capitán del equipo, en su intercambio deportivo con Alemania (derecha).

Mientras el planeta voltea la mirada hacia la Copa Mundial de Fútbol de 2026, que se desarrolla los meses de junio y julio en México, Estados Unidos y Canadá, en las canchas y las aulas del Tecnológico de Costa Rica (TEC) dos jóvenes demuestran que el deporte de alto rendimiento y una carrera universitaria pueden ir de la mano.

Daniel Puentes Picado, capitán del equipo de fútbol institucional y Gabriel Badilla Gómez, uno de los jugadores más jóvenes de la plantilla, son la prueba de que el balón y los libros no compiten entre sí, sino que se complementan. Para ambos, el fútbol no es una distracción de la vida académica, sino una herramienta que ordena el tiempo, fortalece el carácter y construye comunidad.

Daniel Puentes: el balón como herramienta para ser ingeniero

Daniel tiene 24 años, es de Cartago y estudia Ingeniería Electrónica en el TEC. En la cancha es un jugador versátil que cumple donde el entrenador lo necesite, aunque generalmente ocupa la posición de medio centro.

Su semana se organiza alrededor de una premisa clara: la universidad es lo primero. “Tener muy en claro que la clase y la universidad es lo primero, lo que es el equipo y demás”, explica Daniel, quien entrena los lunes y jueves por la noche, un espacio que describe como un momento para desconectarse del día y convivir con compañeros de distintas carreras que comparten la misma pasión.

Esa organización le ha permitido nunca tener que elegir entre el fútbol y los estudios. “Siempre he encontrado el equilibrio. Gracias a Dios, siempre he logrado llevar los dos de la mano”, cuenta. Para él, el deporte es lo que le permite despejar la mente y rendir en ambos frentes.

Sobre lo que el fútbol le enseña que el aula no, Daniel tiene una reflexión clara: el trabajo en equipo real. “En el fútbol todos hacemos lo mismo y todos necesitamos saber qué hacer para que podamos sacar el mayor provecho de las diferentes circunstancias que nos vayan dando”, afirma, en contraste con ciertas dinámicas de trabajo grupal en la universidad donde las tareas se reparten por partes. A esto se suma otra habilidad que destaca: ponerse en los zapatos del otro, entender circunstancias distintas y desenvolverse con liderazgo, cualidades que el fútbol le ha entrenado tanto como cualquier curso.

La carrera de Ingeniería Electrónica es exigente, y sus compañeros lo saben. Por eso muchos le preguntan cómo hace para sostener ambas cosas a la vez. Daniel cree que esa combinación, lejos de aislarlo, le ha abierto puertas: “Uno conoce mucha gente que le gusta, tanto de profesores como compañeros de carrera (...) abre mucho la perspectiva y hace uno muchos amigos”.

Con el Mundial 2026 arrancando, Daniel no duda en su favorito: Colombia, en honor a su padre colombiano y su madre costarricense, ante la no clasificación de la Selección Nacional de Costa Rica. 

Su jugador de referencia es el futbolista colombiano y delantero del Bayern Munich, Luis Díaz, a quien admira no solo por su talento, sino por su historia de superación: “Sabe lo que es luchar desde lo más bajo posible (...) para mí tiene muy bien establecido lo que es el fútbol para él: es una herramienta”. Una frase que Daniel hace propia, pues así entiende también su relación con el deporte: una herramienta que lo ayuda a estudiar, a jugar y a salir adelante.

Entre sus recuerdos más preciados está haber representado al TEC fuera del país. “Se me permitió ir a Alemania con el Tecnológico y ser capitán de paso. Tener ese peso me hizo sentir muy orgulloso”, relata sobre una experiencia que le permitió conocer otra cultura y vivir el fútbol desde una perspectiva distinta.

Detrás de ese equilibrio entre estudio y deporte, Daniel reconoce una red de apoyo fundamental: su pareja y su hermano, quienes lo han acompañado desde el inicio de la universidad. Fuera de las canchas y las aulas, también encuentra espacio para el tenis, el fútbol tenis y las caminatas en la montaña, actividades que lo conectan con la naturaleza.

De cara al futuro, Daniel lo tiene claro: en unos años se ve como ingeniero electrónico, gracias en parte a una disciplina forjada también en el deporte. Y el fútbol seguirá presente, aunque sea de forma recreativa, como esa herramienta que lo seguirá acompañando.

Gabriel Badilla: la disciplina como punto de encuentro

Gabriel Badilla Gómez tiene 18 años (cumple 19 este año), es de Guápiles y actualmente vive en Cartago, cerca del Campus. Está en segundo año de Ingeniería en Mecatrónica y juega como extremo derecho, posición desde la cual también analiza el fútbol que más disfruta ver.

Su pasión por el fútbol nació desde los cinco años, transmitida por su padre, quien lo llevó a las primeras escuelas de fútbol. Desde entonces, el deporte ha sido una constante en su vida, incluso durante el colegio, cuando ya combinaba entrenamientos dos o tres veces por semana con sus responsabilidades académicas.

Al llegar al TEC, Gabriel tenía claro que quería seguir jugando, y encontró en el equipo institucional la opción más cercana para mantener viva esa pasión en una ciudad que no conocía. Para lograr el equilibrio entre el fútbol y lo académico, su respuesta es una sola palabra: disciplina. “Hay muchas veces que tal vez a uno no le dan las ganas de ir a entrenar porque tiene muchos trabajos, pero al final tiene que sacar uno las fuerzas para ir, y también ver cómo ordena su horario siempre para que le alcance el tiempo en el estudio”, explica.

En las semanas de exámenes, que muchas veces coinciden con las etapas finales de los torneos, Gabriel reconoce que tiene que sacrificar ratos libres y salidas. Su estrategia es mantener una buena línea de estudio durante todo el semestre, para no llegar a fin de año con la carga acumulada.

Representar al TEC tiene, para Gabriel, un significado profundo: “Para mí de verdad es un orgullo llevar esta camiseta. Siempre tuve claro que quería venir a esta universidad y poder ser parte del equipo y defender sus colores en partidos y en torneos. Es un sentimiento inexplicable”.

Sobre cómo su carrera ha influido en su forma de entender el fútbol, Gabriel encuentra un punto de conexión claro: “Con la mayoría de cursos que uno lleva en el TEC, el análisis y el pensamiento que uno desarrolla también es muy importante a la hora de jugar, porque no es solo tener la habilidad en los pies, también hay que saber conectar con la cabeza y pensar rápido y tomar las decisiones correctas en el campo”.

Al pensar en su partido más difícil y su examen más difícil, un encuentro de este torneo en el que salió de cambio muy pronto, y el curso de Circuitos Eléctricos, Gabriel encuentra un paralelismo: en ambos casos, “el primer examen o las primeras jugadas decidieron mucho de lo que iba a ser el resto”, lo que le exigió un esfuerzo mayor para remontar.

Como aficionado del Bayern Múnich, Gabriel ya vio el primer partido del Mundial y espera poder seguir varios más, aunque sabe que el TEC le exigirá tiempo. Cuando observa un partido, su atención se concentra en los detalles previos a recibir el balón: “Qué hace antes de recibir, qué hace cuando ya tiene el balón, los pases que hace (...) tratar de seguir esas buenas prácticas que realizan los jugadores; siento que es una inspiración”.

En su formación, Gabriel reconoce dos figuras clave: el entrenador que lo acompañó entre los 5 y los 12 años, a quien atribuye buena parte de su desarrollo físico, técnico y táctico, y el profesor Daniel Jiménez Jiménez, entrenador del equipo del TEC, quien lo integró al equipo durante los Juegos Deportivos Universitarios Centroamericanos (JUDUCA) del 2025 y ha sido un apoyo constante. “A pesar de ser yo uno de los más jóvenes del equipo, él valora a todos por igual y siento que eso me da mucha confianza”, comenta Gabriel sobre la acogida que recibió desde su llegada: “El equipo del TEC es como una familia, todos nos llevamos bien y siempre nos apoyamos en lo que sea”.

Si tuviera que resumir en una palabra lo que el TEC y el fútbol le han dado, Gabriel no duda: disciplina.

Para quienes piensan que el deporte de alto rendimiento y una carrera universitaria no pueden combinarse, Gabriel tiene un mensaje: “Sí pueden ir de la mano. Es difícil, porque no hay que mentirse, lo es bastante difícil, pero con una buena organización, apoyo de personas cercanas o familiares y saber manejar los tiempos, creo que uno puede sacar bien nuestro rendimiento además de la carrera universitaria”.

Su meta a futuro combina ambos mundos: sueña con llegar a primera división, aunque sabe que hacerlo mientras estudia es un reto mayor. Sin embargo, su prioridad está definida: “Siempre manteniendo el estudio primero (...) creo que el fútbol podría acabarse en cualquier instante, pero el estudio ahí va a estar”.