“Me gustaría que el CeNAT se viera como un articulador natural entre las universidades”

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Ricardo Starbird Pérez, profesor de la Escuela de Química del TEC, asumió la dirección del Centro Nacional de Alta Tecnología (CeNAT). Habla de sus prioridades, del papel de las becas, del financiamiento de la alta tecnología y de por qué la ciencia importa en la vida diaria.

29 de Septiembre 2026 . Autor/a: Sergio Pacheco Salazar
Investigación

Ricardo Starbird Pérez asumió la dirección del CeNAT con la meta de fortalecer la vinculación entre las universidades públicas.

El Centro Nacional de Alta Tecnología (CeNAT) es un programa del Consejo Nacional de Rectores (CONARE), que reúne a las Universidades Públicas en torno a la investigación, la innovación y la vinculación con la sociedad y la industria. Funciona con cinco laboratorios: el Colaboratorio Nacional de Computación Avanzada (CNCA), el Laboratorio Nacional de Bioeconomía y Ambiente (LANBA), el Laboratorio Nacional de Nanotecnología (LANOTEC), el Laboratorio de Geomática (PRIAS) y el CENIBiot.

Desde agosto de este año lo dirige Ricardo Starbird Pérez, investigador del Tecnológico de Costa Rica (TEC) especializado en polímeros y biopolímeros. Conversamos con él sobre su visión para el Centro y el futuro de la ciencia en Costa Rica.


Para alguien que nunca ha escuchado del CeNAT, ¿cómo lo describiría en pocas palabras?

Desde su fundación, el CeNAT es un lugar donde se busca transferir a la sociedad la tecnología que existe en el país. Es un agregado de las Universidades Públicas que sirve como vehículo, como facilitador de esa transferencia tecnológica.

La idea con que se fundó era que funcionara como una articulación eficiente de las universidades. Por eso nació en conjunto con una fundación, que le permite llevar procesos que aquí son más sencillos de lo que serían en una institución pública.

Mi definición personal es que funciona como punta de lanza: procesos que generalmente son más lentos en las universidades, aquí se pueden llevar de una forma más eficiente. Hay tres puntos importantes: la tecnología, la sociedad y la industria. Todos son parte del ambiente en que se trabaja en el CeNAT.


¿Cuál considera que es el papel del CeNAT en la sociedad costarricense y por qué debería importarle a una persona que no trabaja en ciencia?

Es una pregunta muy importante, porque estamos rodeados de tecnología en el día a día. No hay forma de que una persona no esté involucrada: aunque no se sienta activa en la investigación, es usuaria de la tecnología.

Un ejemplo es la inteligencia artificial. Hace un año no era común que las personas la usaran en su día a día; ahora ya es parte de la rutina. Aquí hay un laboratorio que trabaja ese tipo de tecnología, el de computación avanzada, y gracias a ese trabajo se pueden aplicar herramientas de inteligencia artificial a investigaciones que ayudan a resolver problemas de la sociedad.

Además está el CENIBiot, un laboratorio que trabaja en mejoramiento biológico con estrategias más verdes, como alternativas al uso de plaguicidas o pesticidas. Eso tarde o temprano nos llega, como usuarios directos del producto o de lo que se produjo a partir de esa aplicación tecnológica.

También tenemos un laboratorio que trabaja con datos satelitales de referencia. Esos datos ya están disponibles y lo importante es buscar estrategias para aprovecharlos en política pública: cobertura boscosa, manejo de cuencas e incluso movimientos de suelo causados por terremotos.

Y tenemos dos laboratorios más: uno de bioeconomía, que nos permite hacer transferencias hacia grupos técnicos específicos, y uno de nanotecnología, que permite desarrollar diferentes estrategias para el uso de materiales.


¿Qué lo motivó a asumir la dirección del CeNAT y cuáles son sus prioridades para los primeros meses?

La prioridad es mantener la línea que tiene el CeNAT. Es una institución con más de 20 años de vinculación con la industria y la sociedad en alta tecnología, y eso hace que sea un puesto deseable para cualquier persona. Mi motivación principal es procurar que el CeNAT siga creciendo y siga siendo un pilar importante de la ciencia en el país.

En cuanto a prioridades, quiero mejorar la vinculación con las universidades: que los procesos que aquí comienzan como punta de lanza se trasladen a procesos naturales, intrínsecos a la investigación. También mejorar la vinculación con estudiantes, ojalá de posgrado, de manera que el CeNAT se vuelva un centro donde todos los estudiantes de las universidades públicas puedan concentrarse a largo plazo.

Hay estrategias más agresivas, como procurar que los programas de posgrado sean abiertos para que todos podamos movernos entre universidades, pero requieren un músculo diferente al que tiene el CeNAT. Lo que sí podemos hacer es promover esa cooperación.


Usted viene de la investigación en polímeros y biopolímeros en el TEC. ¿Qué aporta esa trayectoria a la conducción de un centro tan multidisciplinario?

No creo que un director pueda estar preparado para todas las áreas de conocimiento que hay en alta tecnología. Mi experiencia me enseñó la realidad de lo que ocurre en Costa Rica: la cooperación con otros investigadores de las universidades públicas y la capacidad que ya está instalada en el país.

Eso me permite entender que hay muchas oportunidades para vincular esa masa crítica al quehacer del CeNAT, y ofrecer el CeNAT como una plataforma para la investigación que tal vez necesita un empujón en una estructura diferente.


¿Qué continuidad le dará al trabajo de la gestión anterior y qué le gustaría cambiar o fortalecer?

Mejorar siempre es posible, y cosas buenas siempre hay. En este periodo, que ha sido relativamente corto, lo que más tiempo me ha tomado es entender y leer mucho de lo que se hace y se ha hecho en el CeNAT. Así que para mí es fácil decir qué se puede hacer: continuar lo que ya se ha hecho bien. Funcionar como una punta de lanza, como un referente en investigación, es algo que se tiene que promover.

Creo que hay que trabajar en la socialización de esta estructura, para que las personas investigadoras del país la vean más accesible. Eso es un tema de comunicación que se tiene que mejorar. La comunicación es muy importante y es algo que me gustaría trabajar en los próximos meses.

Me gustaría pensar, de manera idealista, que a través de esa socialización la masa crítica, los investigadores interesados, van a ver en el CeNAT un instrumento para empezar a construir juntos. Eso es lo que tengo que tratar de promover en el corto plazo.


El CeNAT reúne a las cinco Universidades Públicas. ¿Cómo se logra que un espacio interuniversitario funcione como un solo equipo y no como una suma de instituciones?

Es difícil, porque cada universidad tiene su propia estructura, y entender esas diferencias es imperativo para saber cómo trabajar en conjunto. Hay estrategias y directrices de las vicerrectorías de cada universidad para hacer trabajo conjunto en dedicación de tiempo, pero ese es un problema administrativo que habrá que resolver en algún momento.

Por eso creo que la mejor estrategia que hay ahora para aprovechar recursos son las becas CeNAT-CONARE. Se financian desde CONARE, pero se manejan desde aquí, y permiten que estudiantes de Universidades Públicas hagan trabajos de investigación en el CeNAT. Así logramos que venga un estudiante con un tutor de su universidad y trabaje de la mano con investigadores del CeNAT.


De los cinco laboratorios, ¿qué proyectos actuales cree que tendrán mayor impacto visible para el país en los próximos años?

Es una muy buena pregunta, porque el impacto todavía es difícil de definir. Todos los proyectos son interesantes: cada uno que escucho tiene una interpretación de la realidad del país y de lo que los investigadores de los laboratorios han identificado como importante de desarrollar. Existen proyectos internacionales de gran envergadura y alto impacto, pero probablemente sus resultados llegarán a la sociedad a largo plazo, no a corto plazo.

Hay de todo. Los datos que se generan por satélite, por ejemplo, ya se están transfiriendo a la industria y a poblaciones, pero todavía hay mucho potencial para el manejo de datos, y eso ya es investigación básica, generación de modelos, etcétera.

Puedo ver potencial en todos, transferencia en todos y potencial de investigación básica en todos. Eso significa que podemos vincular a las universidades públicas que van en esa dirección con los proyectos que ya empezaron, se están desarrollando o están finalizando.


¿Cómo está hoy la relación del CeNAT con el sector productivo y qué hace falta para que más empresas costarricenses usen sus capacidades?

Tenemos visitas frecuentes de interesados de la industria nacional e internacional. Creo que el CeNAT puede jactarse de ser un lugar que recibe muchos usuarios potenciales. También hay mucha cooperación internacional, con proyectos firmados y en funcionamiento, a través de la FunCeNAT, que es la herramienta administrativa para lograrlo.

Creo que la comunicación es lo que podríamos mejorar para que más industrias vean el uso potencial de las capacidades instaladas en el CeNAT. No está instalado todo lo que ocupa el sector productivo; hay muchas necesidades que no son parte del quehacer del CeNAT. Pero sí podemos guiar a las empresas hacia los especialistas de las universidades públicas que tienen esas capacidades, para que resuelvan sus problemas donde corresponde.


En un contexto de discusión sobre el financiamiento de la educación superior pública, ¿cómo se sostiene la investigación de alta tecnología y qué papel juega la FunCeNAT?

El presupuesto que se asigna a CONARE a la sección de OPES del Estado de la Nación y el CeNAT es limitado. Si dependiéramos de eso, no podríamos acceder a la tecnología, y una de las características de la tecnología es que necesita inversión.

Muchos de los recursos vienen de fuentes privadas, de proyectos de investigación nacionales e internacionales, y con eso se financian el equipamiento y el personal capacitado. La búsqueda de recursos es la base para mantener al CeNAT como una herramienta actualizada para generar alta tecnología.

Sin embargo, hay limitaciones importantes. Por ejemplo, tenemos una computadora, un servidor de uso común. Como todo el mundo sabe, las tecnologías se actualizan y cada año hay mejores sistemas. Es una carrera contra el tiempo y la inversión: esa computadora, que está abierta al público y con la que se pueden hacer experimentos, necesita inversiones importantes y frecuentes. Es uno de tantos ejemplos, y probablemente parte de mi gestión será buscar recursos para mantener esos equipos de alta tecnología en funcionamiento.


¿Cómo aporta el CeNAT a temas urgentes del país, como cambio climático, gestión del agua o seguridad alimentaria?

Voy a empezar con el CENIBiot. Tienen un proyecto importante para aprovechar mejor productores de cultivos que ya son parte de la cultura general y optimizarlos, quedarse con lo bueno y sacar lo malo, para que sean más eficientes y reduzcan la carga química en los procesos.

En el PRIAS hay una propuesta para aprovechar los datos que se generan en el manejo de cuencas, algo importante no solo para el aprovechamiento del agua, sino para evitar desastres naturales. En esa línea, el laboratorio de computación avanzada ha hecho simulaciones de cuencas para prevenir los efectos de inundaciones.

Hay otros proyectos muy interesantes. Por ejemplo, en computación avanzada han seguido los sonidos de mamíferos acuáticos para identificar individuos. Es algo tan sencillo como utilizar datos que se generan en campo para interpretar lo que está ocurriendo en la realidad, y eso se puede extrapolar a muchas áreas de conocimiento.

Y aquí creo que puedo pasar a la parte económica: todo tiene potencial, pero requiere una inversión a largo plazo. La investigación en ciencia y tecnología no puede ser una inversión de corto plazo. Es una inversión en la que, como país, definimos a dónde queremos ir.

Estamos en un momento en que, por ejemplo, con la inteligencia artificial el país tiene que decidir dónde quiere invertir, porque es una carrera en la que hay que participar, ya sea como usuario o como productor de sistemas. Ojalá esa discusión se dé en algún momento, porque el CeNAT está preparado para apoyar, pero el financiamiento tiene que ser parte de ese proceso.

Estoy hablando de computación avanzada, pero puedo poner los mismos ejemplos para el CENIBiot, el PRIAS, el LANBA o el LANOTEC. Todos necesitan una política pública clara para saber dónde invertir los recursos.


Temas como la inteligencia artificial y la computación avanzada avanzan muy rápido. ¿Está Costa Rica preparada y qué rol le toca al CeNAT en ese campo?

No soy la persona preparada para responder esa pregunta; para eso está el doctor Esteban Meneses, que es el encargado de esa área. He participado en sus exposiciones y estoy empapado parcialmente del tema, pero no es mi campo, así que no quisiera responder porque no creo tener el criterio.

Como usuario de inteligencia artificial, puedo decir que, desde mi punto de vista, es algo que da miedo y que debería regularse. Esa discusión sobre regulación se está dando a nivel mundial, no solo en el país. Es una tecnología muy útil, a la que se le puede sacar mucho potencial, pero requiere regulaciones importantes para que la información pública se mantenga pública y la privada, privada. Esa es una parte complicada, porque es muy fácil que la información se filtre, como ha pasado en algunos casos, y eso nos expone a todos como usuarios.

Los expertos del área podrán decirle si estamos preparados o no. Desde el punto de vista técnico, puedo decirle que el laboratorio de computación avanzada tiene una supercomputadora que ellos montaron y manejan, con un servidor abierto al público, que da servicio a usuarios que necesitan supercomputación. Técnicamente, sí tenemos capacidad, pero se tiene que mejorar.

Incluso tienen un proyecto con el que podrían construir un computador de primer mundo, pero requiere una inversión de miles de dólares, más de miles de dólares. Y si se compara con lo que se está invirtiendo en China o en Estados Unidos en esta línea, es una fracción mínima.


¿Qué papel tiene el Fondo de Becas CeNAT-CONARE en la formación de nuevas generaciones de científicos y cómo le gustaría proyectarlo?

Para mí es una de las fortalezas del CeNAT y se tiene que potenciar al máximo. Es una forma de atraer a estudiantes motivados a trabajar en laboratorios de alta tecnología, con personal altamente entrenado y en vinculación con sus universidades de origen, así que tiene que ser una prioridad obligatoria de mi gestión. Ojalá que al final de mi gestión podamos buscar más recursos y dar todavía más becas.

Lo que debemos hacer es procurar que las universidades con menor capacidad instalada, que es algo que sí puede proveer el CeNAT, utilicen más esas becas, para que el proceso sea multiplicador dentro de esas mismas universidades. Y promover que esa cooperación se vea como algo natural: que cada profesor que tiene un estudiante con una necesidad que se puede satisfacer en el CeNAT diga “vamos al CeNAT a trabajar en este laboratorio”, porque es lo natural. Así debería funcionar.

También hay que promover que los potenciales usuarios tengan acceso a la información, a los formularios y a los requisitos. Mi ideal es que las becas se vuelvan un brazo fuerte para promover la cooperación entre universidades.


¿Qué tan conectado está el CeNAT con redes científicas internacionales y qué alianzas le interesa impulsar durante su gestión?

En este momento, por ejemplo, hay proyectos importantes de cooperación alemana y europea, de alto impacto. Esas redes existen. Cada uno de los directores de laboratorio tiene su propia línea de cooperación, así que las redes internacionales son intrínsecas al quehacer científico. El CeNAT es un mediador para que esas redes de investigación internacionales funcionen.

En cuanto a las redes nacionales, lo ideal es que se fortalezca la cooperación en el marco de esas líneas de investigación, y el CeNAT permite que esas líneas se mantengan y se fortalezcan.


¿Qué barreras enfrentan las mujeres y las personas jóvenes de zonas rurales para dedicarse a la ciencia, y qué puede hacer el CeNAT para reducirlas?

Es una pregunta difícil. Entiendo las dos situaciones; en mi familia incluso se han vivido. Entiendo las limitaciones del desplazamiento y de las responsabilidades que, por cultura, se asocian a cada género.

Por lo menos puedo decir que las becas CeNAT-CONARE son suficientemente atractivas desde el punto de vista económico para sortear las barreras de desplazamiento y algunas necesidades básicas. Obviamente no son la forma en que se va a resolver el problema de la participación de las zonas rurales y de las mujeres, pero sí son un vehículo para potenciarla.

Creo que esto va más allá de lo que el CeNAT puede hacer como estrategia. Sin embargo, sí puedo mencionar que la participación de mujeres es alta, o procura serlo, porque es un área donde también hay un sesgo importante. Hay muchas mujeres participando y se promueve.

La vinculación con universidades con menor capacidad instalada, como le mencioné, podría incluso llevarse a las regiones, utilizando el CeNAT para ese tipo de vinculación. Lo veo como algo importante a mejorar.

Mejorar la participación de mujeres en ciencia y ayudar a que las personas de zonas rurales tengan acceso a este tipo de instalaciones es algo intrínseco a las necesidades del país.


¿Cómo explicaría la importancia de invertir en ciencia a una persona que siente que la investigación no tiene nada que ver con su vida diaria?

Un país que invierte en ciencia y tecnología lo va a recuperar a futuro. Eso quiere decir que invertir en ciencia debería ser intrínseco para cualquier sociedad que quiera enriquecerse y mejorar su capacidad adquisitiva.

Esa es la visión matemática. Si alguien piensa en inversión, tiene que pensar que la ciencia y la tecnología son la forma más redituable de invertir. Y no solo económicamente, porque tal vez suena muy egoísta, aunque al final ese es un parámetro a medir, sino también en mejoras para la sociedad: el acceso a agua limpia, a cultivos producidos con mayor eficiencia, a un ambiente más sano.


Si dentro de cuatro o cinco años alguien evaluara su gestión, ¿qué le gustaría que se dijera?

Me gustaría que se dijera que la vinculación con las universidades se maximizó hasta donde fue posible. Cada institución tiene sus propios procesos administrativos, así que no creo que un acople perfecto sea posible, pero ojalá se pueda instrumentalizar al máximo para que cada institución le saque el mayor provecho a su cooperación con el CeNAT.

Eso articula muchos otros resultados: significa que se maximiza la transferencia de conocimiento a las universidades y, desde ahí, a la sociedad civil y a la industria. Tendríamos más vehículos para comunicar y transferir ese conocimiento.

Si dentro de cuatro años pudiera decir que me siento orgulloso de algo, y ojalá sean muchas cosas, sería de que el CeNAT se vea como un articulador de cooperación entre las universidades, y que se perciba así, de manera natural.